domingo, 29 de abril de 2007

La vida misma

Todos los días nos vemos enfrentados a distintos retos; unos más importantes o trascendentes que otros, es un hecho. Sin embargo, existen momentos en la vida de cada quien que la simple pregunta '¿té o café?' hace que sus vidas se compliquen y, en definitiva, no saben si lo que quieren es una cosa o la otra o, lo que es peor, las dos.

¿Cómo saber si se está haciendo lo correcto?, ¿es que acaso quien no se arriesga, no cruza el río?, ¿qué sucede si el río es muy torrentoso y no sé nadar?. Creo que cometiendo errores se aprende, pero ¿qué pasa si lo que está en juego son los sentimientos?. Hay un proverbio ruso que dice 'Dorevai, no proverai', que significa 'Confía, pero verifica' ¿cómo se puede llegar a ese justo medio tan anhelado?. Me gustaría que las cosas fueran más simples, pero estoy seguro de que si así lo fuera, nada sería especial, pues todo sería realizable o determinado con anticipación.

¿Sentir o pretender?, ¿demostrar u ocultar?... ¿qué es más doloroso: sentir dolor o no querer sentirlo?. Pagaría por saber la mitad de las cosas que no sé, pero pagaría el doble por no cuestionármelas. De hecho, sé que mi gran defecto (qué irónico!), es pensar mucho en las alternativas y al final siempre termino encontrando la opción 'ninguna de las anteriores'.

El silencio es el mejor ruido cuando se necesita pensar, pero creo que ya mi silencio estalló y ensordeció a cuanto ser humano atropelló. Ya no quiero ocultar lo que siento y me gustaría que el silencio que me envuelve pueda gritar lo que siento por ti, quiero dejar de evitar el dolor de la indiferencia del verdadero dolor, quiero que me veas tal cual soy, así como te veo yo a ti y como no te ocultas, incluso en tu inmaculado silencio.