Todos tenemos un patrón de conducta determinado que nos permite reaccionar ante un evidente riesgo emergente, pero ¿qué hacer cuando llega algo nuevo, algo de lo cual no sabemos cómo reaccionaremos?. Quizás nunca tuvimos tal mecanismo de autodefensa o tal vez siempre vivimos engañados, pretendiendo jugar a conocernos a nosotros mismos, cuan reflejo en un espejo fuésemos. Tal vez sólo buscamos aislarnos de aquello que, aparentemente, no nos hace "tan bien". Pero, en verdad, ¿cómo podemos llegar a saber si lo que estamos haciendo es lo correcto?. Lo más probable, entonces, es que nuestro proceder, cuan tortuga en su caparazón imitásemos, sea el erróneo y el causante de huir hasta de nuestra propia sombra. ¿Qué pasa cuando nos damos cuenta de que todo aquello que algún día nos otorgó felicidad y seguridad, nos falla? ¿Cómo saber la caducidad de lo que alguna vez nos hizo feliz? ¿Cómo afrontar el "simple" hecho de no ser más quien solíamos creer ser?.
Indudablemente, el medio en el que nos encontramos inmersos, es un factor catalizador de nuestras respectivas conductas, actos y/u omisiones. Sin embargo, el problema radica principalmente en la suerte de sintetizador que debiere existir en el catalizador antes mencionado... una especie de recursividad sistémica, en donde un filtro mayor dependerá de uno mayor y éste de uno de más tamaño. ¿Por qué, si existe cura para el 90% de las enfermedades, no sabemos cuál es el remedio más adecuado para nuestra innata vulnerabilidad?.
®