Mensajes, avisos, anuncios, reportes.
La vida está llena de códigos esperando ser descifrados o al menos ser vistos. Sin embargo, ¿cuántos de estos códigos nos llevan a un nivel de vida superior? o, más importante aún, ¿cómo discriminar entre una señal y otra?. Caminamos por la calle y nos detenemos -el común de los mortales- ante una llamativa luz roja que se interpone en nuestro camino con un mandato omnipotente de detención... no obstante, la información que nos entrega la llamativa señal no es necesariamente la de detenerse ipso facto, sino, más bien, la suicida advertencia de poder morir si seguimos adelante. ¿Qué pasaría si alguien no entendiera dicha advertencia a cabalidad?, evidentemente moriría arrollado y pasaría a ser parte del asfalto o, en el mejor de los casos, quedaría con secuelas irreversibles o con alguna extremidad menos. Lo cierto es, que en la vida tenemos un bombardeo de estímulos esperando ser respondidos, aguardando por la hora de hacer efecto lo que tanto anhelan: actuar. Ahora bien, ¿de qué manera debemos responder ante los anteriores sin provocar otro efecto distinto al que debieran producir?, pues, si bien la luz del semáforo es, para quien le funcione el sentido de la vista, demasiado evidente, sin embargo, lo anterior no dice relación con el hecho de que se dé en toda clase de estímulos posibles, ¿qué hay de los que no notamos, sino cuando no están, y nos damos cuenta de que es en verdad lo que necesitamos?, ¿qué hay de aquellos estímulos que se camuflan de vida real y pasan inadvertidos por la vida, haciendo cometer una y otra vez un acto? ¿son, acaso, estos últimos, un paradigma del cual nadie sabe nada?, ¿o es que simplemente no existen ciertos estímulos para ciertas acciones?.
®.