sábado, 30 de agosto de 2008

Propendiendo...



¿Por qué solemos ocultar lo que sentimos?. En ocasiones, los seres racionales actuamos cuan energúmenos irracionales tratásemos de imitar. En ocasiones, también, olvidamos el significado -y la diferencia, por cierto- de evadir y eludir, dos verbos que sin duda pueden llegar a marcar la diferencia entre negro y blanco, entre un sí y un no, entre un te amo y un silencio ensordecedor.

A veces sólo pretendemos dejar de hacer y dar rienda suelta a lo que alguna vez nos motivó a seguir adelante; aunque, haciéndole honor a la verdad, tal motivación sólo es motivante hasta el momento que nos damos cuenta que todo fue en vano o, aún peor, irracionalmente desaprobado. Sólo tenemos que cruzar una delgada línea para empezar algo y dejar atrás lo que alguna vez nos pareció lo adecuado ¿Qué hacer cuando la sombra del pasado que quisimos olvidar, nos acompaña hasta en la noche más oscura?, ¿Cómo dejar de ser quienes somos? ¿O es que acaso el cambio no está permitido?. Karma. Quizá todo se reduce en eso. El problema es no saber si se quiere pagar en esta vida el karma de una anterior o en la que, eventualmente, vayamos a vivir próximamente; y tal vez, sólo tal vez, nunca merecimos tan banal sentimiento de disculpas moralmente aceptado; una suerte de enmienda por daños y perjuicios cometidos previamente. Personalmente, no creo en el karma, sólo creo en el devenir de un determinado y antelado proceder.

Al parecer, ocultar lo que sentimos -o al menos, lo que creemos sentir-, suele ser algo normal y hasta inherente a nuestro propio sistema psicológico, ergo, inmerso en nosotros mismos y en las actitudes que dejamos tras nuestras huellas. Bueno o malo, no lo sé, pues sólo dependerá de la situación en la que nos encontremos. Evidentemente, y al igual que nuestro mundo, debemos propender a encontrar ese tan anhelado equilibrio, ya sea material, espiritual, social o una mixtura entre éstos. Equilibrio... ¿Por qué es tan difícil?, ¿Por qué resulta más fácil entender un gráfico económico que a mí mismo? ¿Es que acaso estamos predeterminados para entender lo exógeno por sobre lo endógeno? ¿Por qué si soy capaz de ver un precio muy elevado, propendo a ahorrar, mas cuando veo que mi equilibrio personal es, más bien, un desequilibrio personal suelo seguir sopesando más para un lado que para otro?... ¿Alguien dijo masoquismo?...

®.