Las personas somos un conjunto de vidas que se entremezclan para generar historia y dejar un legado, una huella en el camino que decidimos emprender. Generalmente, los cruces generados por el devenir natural de la vida y la muerte, provocan una serie de sucesos y acontecimientos que contravienen el normal flujo de vida que tanto nos caracteriza y que nos va forjando nuestras propias personalidades, perspectivas y puntos de vistas. Por cierto, es evidente que la discordancia es el plato principal al momento de levantar la cabeza y darse cuenta que tu camino se vio interferido por el de otra persona más. Las personas no siempre estamos dispuestas a aceptar distintas opiniones, aun cuando cada una de ellas sean la explicación lógica racional de vivencias pasadas generadoras de hábitos y costumbres, pues cuando se trata de intervenir en nuestro curso natural de vida, no hay explicación racional que justifique la aparición de alguien más que altere nuestra tranquila senda, incluso si dicha aparición implicase un cambio positivo para nuestra historia.
Creo que somos vulnerables cuando nos encontramos con la sobreexposición de frente, cuando palpamos la inseguridad de lo nuevo y desconocido, cuando sabemos de la existencia de una delgada línea que delimita nuestros horizontes y más aún cuando tenemos la intención de querer cruzarla. El riesgo es natural para conseguir una mayor rentabilidad. Sin riesgo, no obtenemos ganancias, aunque es preciso señalar y reconocer que con el solo hecho de asumir el riesgo, debemos, asimismo, asumir el perderlo todo y quedar con el gusto a hiel en la garganta y la inconforme sensación de no saber por qué decidimos lo que decidimos.
No obstante todo lo señalado con anterioridad, en ocasiones nuestra vulnerabilidad se ve extrañamente subyugada por la incertidumbre e incluso por el no saber qué hacer o por el incomprensible hecho asociado a no saber qué está pasando a tu alrededor. Son ésas las circunstancias que te dejan balbuceando pensamientos incógnitos de una realidad ya conocida por ti mismo, desconociendo que la vida continúa, incluso para ti.
La vida cambia, y se supone que todo cambio es para mejor o al menos ésa fue la hipótesis que algún día dijo, algún cursi optimista. Sin embargo y a pesar de los paradigmas naturales respecto al torrente de la vida y sus vicisitudes y al cómo nos tomamos estas últimas, la vida nos ha demostrado que la hipótesis planteada por alguien muy feliz no dista de ser un hecho válido para todo ámbito de cosas, desde la economía y sus variaciones cíclicas, desastres naturales que cambian el medioambiente, hasta la construcción de la vida misma de un mortal más. Todos esos sucesos están expuestos a la variación de un estado inicial, el cual se vio potencialmente alterado, mas no por eso perjudicado de por vida. Es por ello que también se dice que de los errores se aprende y que errar es humano… Maldito optimista.
Creo que somos vulnerables cuando nos encontramos con la sobreexposición de frente, cuando palpamos la inseguridad de lo nuevo y desconocido, cuando sabemos de la existencia de una delgada línea que delimita nuestros horizontes y más aún cuando tenemos la intención de querer cruzarla. El riesgo es natural para conseguir una mayor rentabilidad. Sin riesgo, no obtenemos ganancias, aunque es preciso señalar y reconocer que con el solo hecho de asumir el riesgo, debemos, asimismo, asumir el perderlo todo y quedar con el gusto a hiel en la garganta y la inconforme sensación de no saber por qué decidimos lo que decidimos.
No obstante todo lo señalado con anterioridad, en ocasiones nuestra vulnerabilidad se ve extrañamente subyugada por la incertidumbre e incluso por el no saber qué hacer o por el incomprensible hecho asociado a no saber qué está pasando a tu alrededor. Son ésas las circunstancias que te dejan balbuceando pensamientos incógnitos de una realidad ya conocida por ti mismo, desconociendo que la vida continúa, incluso para ti.
La vida cambia, y se supone que todo cambio es para mejor o al menos ésa fue la hipótesis que algún día dijo, algún cursi optimista. Sin embargo y a pesar de los paradigmas naturales respecto al torrente de la vida y sus vicisitudes y al cómo nos tomamos estas últimas, la vida nos ha demostrado que la hipótesis planteada por alguien muy feliz no dista de ser un hecho válido para todo ámbito de cosas, desde la economía y sus variaciones cíclicas, desastres naturales que cambian el medioambiente, hasta la construcción de la vida misma de un mortal más. Todos esos sucesos están expuestos a la variación de un estado inicial, el cual se vio potencialmente alterado, mas no por eso perjudicado de por vida. Es por ello que también se dice que de los errores se aprende y que errar es humano… Maldito optimista.