
“Pero”… ¡Qué palabra más útil!. Sería la mejor, pero no lo es…
¿Se han dado cuenta cuán salvadora es esa simple palabra? Muchas veces solemos arrancar de situaciones de las cuales ya no nos queremos hacer responsables con el sólo hecho de utilizar esa palabra. “Estoy bien, pero no del todo”, “sí, quiero, pero no estoy seguro”. El “pero” es casi tan usado como el “no sé” y provoca la misma ingrata sensación de incertidumbre e incluso a veces, de frustración. “No fue lo que esperaba, pero fue para mejor” ¿Cómo saberlo si no sucedió?... Pero pudo haber sucedido… Ven, a eso me refiero.
Una y otra vez pienso en lo que pudo ser, en función de lo que no fue o, tal vez en función de lo que pudo haber sido. En ocasiones, simplemente las personas no queremos aprender porque simplemente no tenemos la intención de hacerlo. Así como también hay veces en que decidimos poner punto final a una situación. El problema está cuando ese punto final se transforma en unos tormentosos puntos suspensivos que sólo dan lugar a confusiones mal fundadas o a severos problemas de interpretación y/o comprensión de lo que nuestro receptor nos quiso comunicar.
El “pero” estará siempre a la vuelta de la esquina, quizá como fuente de inspiración de aquellas personas indecisas que sólo buscan perturbar el adecuado comportamiento de alguien más, haciéndolo susceptible a cambios originados por una inicial interrogante o, lo que es aún peor, por una inicial certeza.
¿Se han dado cuenta cuán salvadora es esa simple palabra? Muchas veces solemos arrancar de situaciones de las cuales ya no nos queremos hacer responsables con el sólo hecho de utilizar esa palabra. “Estoy bien, pero no del todo”, “sí, quiero, pero no estoy seguro”. El “pero” es casi tan usado como el “no sé” y provoca la misma ingrata sensación de incertidumbre e incluso a veces, de frustración. “No fue lo que esperaba, pero fue para mejor” ¿Cómo saberlo si no sucedió?... Pero pudo haber sucedido… Ven, a eso me refiero.
Una y otra vez pienso en lo que pudo ser, en función de lo que no fue o, tal vez en función de lo que pudo haber sido. En ocasiones, simplemente las personas no queremos aprender porque simplemente no tenemos la intención de hacerlo. Así como también hay veces en que decidimos poner punto final a una situación. El problema está cuando ese punto final se transforma en unos tormentosos puntos suspensivos que sólo dan lugar a confusiones mal fundadas o a severos problemas de interpretación y/o comprensión de lo que nuestro receptor nos quiso comunicar.
El “pero” estará siempre a la vuelta de la esquina, quizá como fuente de inspiración de aquellas personas indecisas que sólo buscan perturbar el adecuado comportamiento de alguien más, haciéndolo susceptible a cambios originados por una inicial interrogante o, lo que es aún peor, por una inicial certeza.