¿Por qué olvidar?
Cuando algo irrumpe en tu vida y comienzas a cuestionar si es que acaso el olvido es parte válida para seguir adelante, comienzas a experimentar cambios que sólo notas cuando el objeto de olvido se hace presente. Olores, recuerdos, momentos, lugares y hasta horas del día, suelen ser las armas fatales cuando intentamos evadir acordarnos que tenemos que olvidar eso que alguna vez compartió nuestra vida. Por supuesto que olvidar está permitido cuando el daño es profundo, aunque aún así, el olvido es prácticamente imposible. ¿Cómo se puede olvidar lo que te causó dolor? Evidentemente es algo clínica y psicológicamente recomendado, sin embargo, la mente, los sentimientos y los recuerdos, son algo que sólo tú puedes controlar. Está bien, existen pastillas y fármacos que pueden ayudar, pero recuerda que sólo hacen eso, “te ayudan”, no hacen tu tarea.
Uno mismo es el encargado de decidir qué, a quién, cuándo y por qué olvidar. Nadie puede darnos una orden que nos insensibilice y nos abstraiga de cualquier tipo de sentimiento aferrado a un eventual olvido, pues cada uno de nosotros tiene un umbral personal del dolor, ese lado que sólo tú conoces y sabes cómo y ante qué factores reacciona. Sólo tienes que descubrirlo.
Es cierto, asimismo, que olvidar puede llegar a ser el camino más corto, pero vamos, ¡que no es fácil olvidar! Intentamos por todos los medios posibles no tener relación con lo que queremos dejar atrás, sin embargo, al hacerlo, ya lo estamos recordando, obviamente desde una perspectiva distinta, pero, de cualquier modo, es una clase de reminiscencia que nos envuelve en el dilema de “¿olvidar o quedarnos con los gratos momentos?”. No obstante, tampoco podemos ser tan irreales e idealizar a alguien, atribuyéndole sólo lo bien que nos hizo mientras estuvo junto a uno mismo, pues, no te olvides que por algo pensaste en el olvido. Y aquí vamos con otra disyuntiva: “¿cómo se puede olvidar sin odiar?”. Usualmente solemos usar el recurso más fácil para hacernos creer que todo irá bien, porque sencillamente “no me merecía algo tan malo, tan desagradable y repudiable”… Eso para mí, es sólo despecho y una sobreactuada dramatización de un mártir novelesco. Empero, existen ocasiones, momentos y personas que definitivamente se ganan la cursi estigmatización de ser “los malos de la película”.
No sé si odiar esté dentro de mis planes, tal vez a futuro o por cosas relevantes llegue a ser una alternativa válida. Lo que sí tengo muy claro, es que de vez en cuando es necesario presionar “ctrl + alt + supr” y darle un reinicio a nuestras vidas, por muy duro, complejo y hasta imposible que parezca. Recuerda que la vida es un ciclo, pero no necesariamente uno convencional, pues tú decides el ciclo de vida que quieres vivir. De cierta manera, tú decides cómo, dónde y con quién vivir. Siéntete dueño de ti mismo y sé seguro de tus decisiones. Camina con la frente en alto y siempre estando consciente de que todo lo que haces es por y para ti, y que, por supuesto, no vives solo en el mundo y que tienes que respetarlo así como te respetas a ti mismo.
Quiérete, respétate y sé feliz.
Cuando algo irrumpe en tu vida y comienzas a cuestionar si es que acaso el olvido es parte válida para seguir adelante, comienzas a experimentar cambios que sólo notas cuando el objeto de olvido se hace presente. Olores, recuerdos, momentos, lugares y hasta horas del día, suelen ser las armas fatales cuando intentamos evadir acordarnos que tenemos que olvidar eso que alguna vez compartió nuestra vida. Por supuesto que olvidar está permitido cuando el daño es profundo, aunque aún así, el olvido es prácticamente imposible. ¿Cómo se puede olvidar lo que te causó dolor? Evidentemente es algo clínica y psicológicamente recomendado, sin embargo, la mente, los sentimientos y los recuerdos, son algo que sólo tú puedes controlar. Está bien, existen pastillas y fármacos que pueden ayudar, pero recuerda que sólo hacen eso, “te ayudan”, no hacen tu tarea.
Uno mismo es el encargado de decidir qué, a quién, cuándo y por qué olvidar. Nadie puede darnos una orden que nos insensibilice y nos abstraiga de cualquier tipo de sentimiento aferrado a un eventual olvido, pues cada uno de nosotros tiene un umbral personal del dolor, ese lado que sólo tú conoces y sabes cómo y ante qué factores reacciona. Sólo tienes que descubrirlo.
Es cierto, asimismo, que olvidar puede llegar a ser el camino más corto, pero vamos, ¡que no es fácil olvidar! Intentamos por todos los medios posibles no tener relación con lo que queremos dejar atrás, sin embargo, al hacerlo, ya lo estamos recordando, obviamente desde una perspectiva distinta, pero, de cualquier modo, es una clase de reminiscencia que nos envuelve en el dilema de “¿olvidar o quedarnos con los gratos momentos?”. No obstante, tampoco podemos ser tan irreales e idealizar a alguien, atribuyéndole sólo lo bien que nos hizo mientras estuvo junto a uno mismo, pues, no te olvides que por algo pensaste en el olvido. Y aquí vamos con otra disyuntiva: “¿cómo se puede olvidar sin odiar?”. Usualmente solemos usar el recurso más fácil para hacernos creer que todo irá bien, porque sencillamente “no me merecía algo tan malo, tan desagradable y repudiable”… Eso para mí, es sólo despecho y una sobreactuada dramatización de un mártir novelesco. Empero, existen ocasiones, momentos y personas que definitivamente se ganan la cursi estigmatización de ser “los malos de la película”.
No sé si odiar esté dentro de mis planes, tal vez a futuro o por cosas relevantes llegue a ser una alternativa válida. Lo que sí tengo muy claro, es que de vez en cuando es necesario presionar “ctrl + alt + supr” y darle un reinicio a nuestras vidas, por muy duro, complejo y hasta imposible que parezca. Recuerda que la vida es un ciclo, pero no necesariamente uno convencional, pues tú decides el ciclo de vida que quieres vivir. De cierta manera, tú decides cómo, dónde y con quién vivir. Siéntete dueño de ti mismo y sé seguro de tus decisiones. Camina con la frente en alto y siempre estando consciente de que todo lo que haces es por y para ti, y que, por supuesto, no vives solo en el mundo y que tienes que respetarlo así como te respetas a ti mismo.
Quiérete, respétate y sé feliz.