domingo, 14 de octubre de 2007

¿Ser o actuar?

¿Cuántas veces nos ha pasado que al sentir que todo marcha bien, es un claro y efectivo síntoma de que algo malo ocurrirá? ¿Cuántas veces pensamos en hacer el bien, pensando en que eso es lo que haremos, pero terminamos haciendo algo malo? ¿Es que acaso estamos predeterminados para predominar el mal sobre el bien? Hay veces en que se siente hacer lo correcto, sin embargo, el resultado no es más que una horrenda y temible contradicción, quizá involuntaria. Es entonces cuando se cuestiona el obrar del propio proceder, aunque, eso sí, no pasa de ser sólo un pequeño evento en la vida. No obstante, preocupa el simple hecho de que esté presente, sobre todo cuando lo que menos se quiere hacer es lo que se termina haciendo. Lo verdaderamente peor, es la sensación de culpa e inestabilidad emocional y hasta estomacal, pues se siente un vacío en el estómago, algo así como si no se hubiera comido hace días, pero con la insatisfacción personal de que aquel dolor es a causa de un dolor aún mayor.
¿Cuán desesperadas pueden llegar a ser nuestras acciones al momento de no saber cómo actuar? ¿Es entonces cuando se debe acudir al mal menor? Y si así fuere ¿cómo medir aquel mal? En ocasiones, solemos preferir aquel 'mal menor' que nos proporcione una cantidad relativamente menor del daño que nos pudiere causar la otra opción, pero entonces ¿no sería ésta, una decisión egoístamente arbitraria? ¿Cómo se puede discernir entre un mal menor y otro 'no tan menor', si ni siquiera podemos elegir un 'bien mayor'? Quizá todo responda al simple patrón de que los seres humanos somos seres imperfectos y, por ende, rellenos de fe de erratas circulando por nuestro organismo. Sin embargo, y a causa de lo anterior, el hecho de incurrir en un mal obrar es intrínseco a cada persona y lo que en verdad diferenciaría a los unos de los otros, sería la manera particular de actuar ante cómo asumir las culpas de cada quien, reconociendo, por cierto, algo que va más allá de decir 'lo siento, me equivoqué', sino, más bien, hacer alusión al verdadero sentimiento de arrepentimiento, no a la barata prerrogativa de las disculpas o, en el peor de los casos, del perdón. Personalmente, nunca perdono, pues para mí, esa palabra involucra mucho. Tanto, que no sería franco al perdonar, pues sabré, de uno u otro modo, que en el fondo del asunto, hay una herida que quedará palpitantemente viva. Puede ser rencor, quién sabe. O quizás sólo sea una respuesta lógica ante un ilógico proceder.
®

No hay comentarios.: