miércoles, 18 de febrero de 2009

La felicidad


Siempre, no importa cuándo, cómo ni dónde, la felicidad causará suspicacia y la generación de discordia e incredulidad. Es extraño, pues por lo general las personas demostramos asombro ante una situación feliz y sobre todo, si dicho acontecimiento dice relación con el estado de alguien más... ¿por qué?, ¿es que acaso las personas nos estamos volviendo cada día más infelices y nos sorprende la enhorabuena de algún otro?. Personalmente, creo mantener controladas las ansias de felicidad, pues de esta manera controlo el nivel de felicidad requerido para situaciones específicas que suelen requerir de dosis mayores de felicidad; puede llegar a ser algo confuso y traicionero si no se sabe usar, por cierto. No es cosa de decir "seré feliz" como un estado inmutable e inalienable a través del tiempo, ya que la felicidad per sé es algo que, si bien podemos controlar, no podemos controlar aquello que hace que el nivel de nuestro tanque de felicidad esté completo. Por lo anterior, más vale tener un buen dispositivo que decodifique y distribuya niveles de felicidad consistentes a nuestros respectivos períodos, sean éstos buenos o malos. No obstante lo anterior, existen factores exógenos impredecibles y capaces de vulnerar nuestro sistema de felicidad intrínseco en cada quien, aquellos factores que perturban el correcto funcionamiento de lo que alguna vez creímos tan concreto, empero, debemos ser capaces de superar todo obstáculo con una pequeña dosis de optimismo diario que nos revitalice y nos ayude a hacer frente a aquellas instancias en las que pensamos que nadie más nos entiendía y nadie más nos entendería jamás; instancias que, por cierto, no están exentas de la cotidianeidad misma de la rutina y la vida actual. Otro factor exógeno importante para nivelar la cuota de felicidad requerida es aquel entorno cercano, núcleo le llaman algunos, del cual dependerá la cantidad y calidad de endorfina generada por los niveles de satisfacción personal y la lucha diaria de la autorrealización. Es, justamente, a esas personas a las que, personalmente, les agradezco su capacidad de apoyo y energía que a diario me brindan y me hacen sentir una persona plena, aun cuando me falta un largo camino por construir.

®.

martes, 3 de febrero de 2009

De cuando en cuando


De cuando en cuando es necesario escribir, al menos para mí. Aun cuando no sé muy bien qué escribir, sé que siempre algo habrá, más aún, cuando sé que no debo contarlo. Eso es extraño, ¿por qué las personas solemos irrumpir lo prohibido, aun cuando esa prohibición haya sido creada por uno mismo? Tal vez con mayor razón quisiéramos indagar en aquello de lo desconocido; quizás, por otra parte, sólo queremos saber y denotar cuán fuerte es nuestra fuerza de voluntad y, en una de esas, el respeto por nosotros mismos y nuestras tan vilipendiadas decisiones. Las decisiones, por cierto, no son un tema menor, té o café; un hijo, dos o ninguno; blanco o negro; creer, no creer... en fin, una gama sin límites, la cual siempre estará basada en dos palabras: Sí o No. Ahora bien, el panorama se nos complica cuando pensamos que, en un mundo tan lleno de matices, es imposible encontrar sólo dos eventuales respuestas, pues, así como sabrán, también existe el tan útil y a veces malogrado No lo sé... maldita expresión; estoy seguro de que todo sería más fácil si no existiera esa razón argumentativa tan ridículamente utilizada. El No lo sé deja la puerta abierta y, cuando no, la ventana, chimenea, cañería alguna, el excusado; abiertos. Cuando lo realmente eficiente y eficaz es responder con una afirmación o una negación. No obstante lo anterior, siempre quedará el dilema de la efectividad dando vuelta cualquier tipo de elección racional o irracional, porque, de cuando en cuando, es necesario pensar.

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