sábado, 1 de agosto de 2009

Los reencuentros quedarán en nuestra memoria cada vez que queramos pensar en momentos cruciales para nuestras vidas. Todos, sin excepción alguna, merecemos segundas oportunidades, aunque a veces pensemos que nada ni nadie podrá comprendernos y mucho menos ayudarnos a salir del tan evitado peligro inherente al ser olvidado.

En ocasiones dejamos pasar las cosas porque no nos sentimos capaces de sobrellevarlas; tan simples como un roce o un malogrado sistema de intercomunicaciones suelen ser los causantes más típicos de aquello que evoca un evidente reencuentro.

Volver a encontrarse con alguien, incluso con uno mismo, siempre será necesario, sobre todo si dicha reunión tiene como protagonistas a quienes realmente nos importan; es así que las relaciones sociales se van formando conforme avanza el tan traicionero tiempo. Personalmente, pienso que no es mejor amigo el que te dice que lo haces todo bien o que te felicita por cada cosa buena que te pase; para mí, un amigo (digno de un reencuentro, por ejemplo), es aquel que se preocupa y ocupa de mí por lo que soy, lo cual incluye mi medioambiente mediato e inmediato, esto es, mis circunstancias y mi esencia. No importa las veces que caigas, sino la cantidad de manos que están dispuestas a levantarte… un amigo es el que repite eso las veces que sea necesario… aun cuando para nadie más lo sea.

Ayer fui feliz… muy feliz; y en el fondo todo se traduce a una felicidad compartida y repartida entre quienes más quiero. Poder ayudar a un amigo siempre será un cumplido o, más que eso, la “obligación” que acepté al momento de “firmar” el “contrato de amistad”. Cabe destacar, por cierto, que no soy de tener tantos amigos, pero los que tengo valen más que los que alguna vez podría llegar a tener… incluso si volviera a nacer; incluso si eso existiera.

Y porque siempre un reencuentro esperado será más corto que el mismo tiempo y la misma distancia, y porque siempre querré ver mil veces en un segundo a quienes necesito… y a quienes me acostumbraron a necesitarlos… aun cuando el reencuentro se haga esperar por un poco más de lo que dicen los calendarios y relojes convencionales.

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