lunes, 27 de septiembre de 2010

El respiro de la muerte


No entiende por qué no puede ser feliz sin hacer infeliz al resto o al menos no esperar que lo sean. No quiere seguir viviendo así. No le interesa que el resto sea feliz, porque sólo se entera de su infelicidad. No es que su vida entera sea o haya sido un infierno, pero lo que sí lo es, es su presente. No aguanta un día más. Quiere que todo termine. Extrañará a su familia, de eso no cabe duda, pero por otro lado está su descanso, el de olvidarse de sus problemas; simplemente dejará de existir. Lo más triste es que sólo su familia sufrirá… Bueno, también sufrirían otras personas, pero es que realmente no le interesa el sufrimiento de ellos. Le apena no haber podido hacer feliz a más gente, aunque lo que más le apena es no haberse podido hacer feliz a sí mismo. No quiere vivir más. No quiere sufrir más. Está harto de esperar y hacer cosas equívocas. Se cansó de sus errores. No quiere estar más aquí. Quiere dejar de sentir y terminar este maldito paso por este mundo. Extrañará a su familia, lo sabe. Ellos lo son todo para él, pero ellos se tienen a ellos mismos y serán capaces de superarlo y de ayudarse los unos a los otros. Ellos, como siempre, le comprenderán y respetarán su decisión, aunque al comienzo les cueste entenderlo, luego se harán a la idea de vivir sin él físicamente, pero también sabe que su espíritu seguirá junto a ellos, en sus recuerdos, alma y sangre. Él no los olvidará, aún cuando él crea que una vez estando muerto, él ya será historia, ya no estará más en sus recuerdos, porque ya no tendrá recuerdos, porque ya no existirá más. Ya no tendrá preocupaciones, ni siquiera algo que le atormente, ni siquiera un problema existencial, porque para él, la existencia ya habrá sido una etapa superada, porque él, sencillamente, ya no será más él, ni ningún otro ser viviente. Sólo queda esperar su descomposición corpórea y finalmente ser feliz, aún cuando eso implique dejar de ser para siempre.

Él lamenta no apreciar a la gente que “debiera”, pero es que honestamente es incapaz de sentir afecto por alguien que no sea su familia. Socializa sólo por un tema de convivencia y extrema necesidad. Él sabe que podría vivir sin socializar, vivir sólo con respirar y comer. Querer no vale la pena, porque siempre está el riesgo de tomar una pésima decisión… Una de las tantas que le han acompañado a lo largo de su vida. Él asume que no ha sido infeliz en mi casa, pero admite ser muy infeliz fuera de ella, así como también reconoce ser el ser más iluso y malintencionado a la vez, cruel y feliz, desdichado y optimista.

Cómo desearía poder morir libremente y dejar a un lado esta estúpida cobardía que sólo prolonga su infelicidad y hace de su felicidad una ilusión cada vez más inalcanzable. La vida es bella cuando la valoras; su problema es que no la valora y sólo es por su culpa, porque ya no aprendió a ser feliz, porque le da lo mismo serlo si eso significa seguir sufriendo. Ya no quiere sufrir más, quiere dejar de respirar y olvidarse de todo lo que le ata a estar vivo, aún cuando -una vez más- extrañe a su familia: los abrazos, sonrisas, miradas y el aroma de mamá; las palabras de papá, su olor, su beso de buenas noches; los abrazos, besos, caricias, palabras y gestos de afecto de sus hermanas… Sí que le harán falta.

Necesita poder hacer lo que quiere hacer y dejar de quejarse por no poder hacerlo. Quiere morir y olvidar su infelicidad y sentir que su fin ha llegado para siempre. Quiere que por fin la muerte le lleve. Sabe que causará dolor en algunas personas, pero se les pasará. Él es responsable de su vida y de su muerte, de su felicidad e infelicidad, pero es que ya ha hecho de todo para poder ser feliz y de alguna u otra manera todo se encarga para salir del modo menos afortunado para él. Quiere cerrar los ojos para siempre y dormirse con una canción de cuna eterna, una que su familia le cante a coro para no olvidar jamás sus voces.

Quiere por fin alejarse de lo que le hace daño, quiere por fin estar sin preocupaciones incomprensibles, quiere dejar de agobiarse por personas que no valen la pena. Quiere dejar su vida atrás y para siempre. Quiere morir, y razones le sobran. No le importa si las personas le creen egoísta, puesto que sabe que es el mejor de los egoístas y no le interesa reconocerlo; Sabe que algunos sufrirán, pero ese dolor no será comparable con todo su dolor.

Ya siente cómo poco a poco sus ojos se van cerrando y sus respiros tardan un poco más entre uno y otro. Siente ese mareo inexplicable que provoca la visión borrosa y la sudoración helada en las manos, cuello y espalda. Una fría brisa recorre su cuerpo y poco a poco sus sentidos se desconectan y todo comienza a ser un mero acto reflejo. Ya no siente aromas ni sabores. Su lengua está secándose y cada vez su garganta sufre los embates de la deshidratación. Comienza a sentir su cuerpo adormecido y sus articulaciones comienzan a dejar de reaccionar. Ya pierde la noción de lo que escribe y lo que alguna vez le pareció frío y no caliente, pues ahora sólo es un estado permanente sin poder distinguir entre una u otra temperatura. Voltea su cabeza hacia su lado derecho, se levanta, mira a través de la ventana de su habitación y comienza visualmente a despedirse del lugar que le vio crecer. En su estado de inconsciencia, piensa en su familia y se va despidiendo de cada uno de ellos, abrazándolos, sintiéndolos, amándolos y recordándolos por última vez.

Ha dejado de escribir.

viernes, 17 de septiembre de 2010

El irracional Humabot


Lo que para unos puede ser placentero, para otros puede llegar a ser una aberración y una contradicción en sí mismo.

Sin querer irrumpir en la explicación de un paradigma instaurado en la retórica y recursiva existencia de un hecho, a veces nos llenamos la cabeza de pensamientos que nos agobian y sólo consiguen liarnos cada vez más. Cada cosa tiene su causa y, por supuesto, su efecto.

Sin ánimo de desprestigiar el arduo, honesto, respetado y siempre responsable trabajo de los psíquicos, me atrevo a decir que los seres humanos fuimos creados para no saber qué pasará, aun bajo situaciones de “total control”; fuimos hechos para cometer errores y para idealizar al Súper Hombre con el objeto de tener un patrón conductual predeterminado y sujeto a los diversos reproches tras las caídas que pudiéramos llegar a tener. "Esto es lo que debemos hacer”… ¡A la mierda! Deberíamos pasar más tiempo pensando en cómo mejorarnos a nosotros mismos con nuestros “errores de fábrica” incluidos, y no pretender prescindir de ellos, tratando de moldear al “Humabot* que queremos llegar a ser.

A través de lo largo de la historia, nos hemos esforzado por crear, entender, aprender y refutar teorías acerca de la perfección humana, pasando desde teorías antropológicas hasta ciertas teorías económicas basadas en la existencia del Ser Humano racional. Somos imperfectos por naturaleza, ¿para qué crear al Hombre racional? Es más, al querer crear un Ente racional, caímos en la irracionalidad misma de querer crear algo pulcro y sin defectos, siendo que somos Seres imperfectos. Sin embargo, tenemos la luz de esperanza de aprender de nuestros errores y de “racionalmente” comprender que la historia evoluciona debido al reconocimiento de nuestros traspiés y al entendimiento que implica el no volver a cometerlos… Por una cuestión de mera racional irracionalidad.

En ocasiones pienso que nuestra felicidad está directamente relacionada con el nivel de irracionalidad bajo el cual actuamos; No obstante, siempre está nuestra parcelada racionalidad que nos ata al suelo y nos hace analizar las situaciones, muchas veces, luego de que éstas hayan sido realizadas. El arrepentimiento siempre es una puerta de escape, aun cuando no ayude de mucho a mejorar la imagen del “Humabot” personal que hemos construido.

*(Mezcla de Humano y robot, tanto cuanto respecta, por un lado, las características humanoides y, por otro, la frialdad y predeterminación de un robot… Sí, mi creatividad a veces me deja sin palabras)