
Lo que para unos puede ser placentero, para otros puede llegar a ser una aberración y una contradicción en sí mismo.
Sin querer irrumpir en la explicación de un paradigma instaurado en la retórica y recursiva existencia de un hecho, a veces nos llenamos la cabeza de pensamientos que nos agobian y sólo consiguen liarnos cada vez más. Cada cosa tiene su causa y, por supuesto, su efecto.
Sin ánimo de desprestigiar el arduo, honesto, respetado y siempre responsable trabajo de los psíquicos, me atrevo a decir que los seres humanos fuimos creados para no saber qué pasará, aun bajo situaciones de “total control”; fuimos hechos para cometer errores y para idealizar al Súper Hombre con el objeto de tener un patrón conductual predeterminado y sujeto a los diversos reproches tras las caídas que pudiéramos llegar a tener. "Esto es lo que debemos hacer”… ¡A la mierda! Deberíamos pasar más tiempo pensando en cómo mejorarnos a nosotros mismos con nuestros “errores de fábrica” incluidos, y no pretender prescindir de ellos, tratando de moldear al “Humabot”* que queremos llegar a ser.
A través de lo largo de la historia, nos hemos esforzado por crear, entender, aprender y refutar teorías acerca de la perfección humana, pasando desde teorías antropológicas hasta ciertas teorías económicas basadas en la existencia del Ser Humano racional. Somos imperfectos por naturaleza, ¿para qué crear al Hombre racional? Es más, al querer crear un Ente racional, caímos en la irracionalidad misma de querer crear algo pulcro y sin defectos, siendo que somos Seres imperfectos. Sin embargo, tenemos la luz de esperanza de aprender de nuestros errores y de “racionalmente” comprender que la historia evoluciona debido al reconocimiento de nuestros traspiés y al entendimiento que implica el no volver a cometerlos… Por una cuestión de mera racional irracionalidad.
En ocasiones pienso que nuestra felicidad está directamente relacionada con el nivel de irracionalidad bajo el cual actuamos; No obstante, siempre está nuestra parcelada racionalidad que nos ata al suelo y nos hace analizar las situaciones, muchas veces, luego de que éstas hayan sido realizadas. El arrepentimiento siempre es una puerta de escape, aun cuando no ayude de mucho a mejorar la imagen del “Humabot” personal que hemos construido.
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