En ocasiones solemos creer en cosas, cuan cuentos infantiles fueren. Lo cierto es, que dichas fábulas en algún momento de nuestras vidas representaron una realidad en un mundo paralelo al nuestro. Sin embargo, lo anterior se da por hecho y, es más, se llega a asumir una suerte de obviedad por cuanto se refiere a la imaginación de un niño de 5 años. Pero el problema radica cuando, ya entrados en edad, manipulamos nuestra realidad a través de quimeras promulgadas por seres absurdamente chabacanos. Los Rituales de Año Nuevo son un claro ejemplo de lo anterior. Comer lentejas, para la abundancia; usar ropa interior amarilla, para el éxito; comer 12 gajos de uva, representando el éxito de cada mes del año; salir a correr con una maleta por la manzana, para poder viajar; pararse y sentarse doce veces, para obtener matrimonio; tomar champán con un anillo de oro en la copa, para conseguir el mismo objetivo anterior; dar el primer abrazo a alguien del sexo opuesto, para conseguir una pareja... y así, un sinfín de estupideces que vamos haciendo cada vez más propias y, por cierto, vamos generando un vínculo irritantemente dependiente, pues si no hacemos algo que solíamos hacer años anteriores, le atribuiremos a cualquier vicisitud que nos pudiere ocurrir, al trivial hecho de no haber hecho alguna acción mundana. Así, por ejemplo, si no comemos lentejas y nos va mal en el año, tendremos a qué culpar.
Una de las cosas que, sin duda, me causa más risa, es que las personas, por lo general, asumen una postura falsamente positiva ante la llegada de un nuevo año. "Este año será el mejor", "Este año no cometeré los mismos errores", "Este año las cosas funcionarán", "Este año será mejor que el año pasado, pero no mejor que el próximo". A veces pienso que dichas vapuleadas frases, son nada más que hipocresía y pulcra mediocridad. Quizá esté equivocado o tal vez esté siendo incisivamente honesto. Quién sabe. Detesto atribuirle al año nuevo una connotación extremadamente milagrosa, es decir, no me gusta ver el 1 de Enero como la apertura del cielo y una tonelada de polvo de estrellas cayendo sobre las personas, sino, más bien, lo veo como lo que es: un día más. Un día que, por cierto, trato de vivirlo a concho y aprovecharlo minuto a minuto. Lo especial, en mi caso, es que es feriado y puedo compartirlo con mi familia, pero de ahí a asignarle otro significado divino, no.
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