lunes, 31 de diciembre de 2007

Año Nuevo: ¿Vida nueva?

En ocasiones solemos creer en cosas, cuan cuentos infantiles fueren. Lo cierto es, que dichas fábulas en algún momento de nuestras vidas representaron una realidad en un mundo paralelo al nuestro. Sin embargo, lo anterior se da por hecho y, es más, se llega a asumir una suerte de obviedad por cuanto se refiere a la imaginación de un niño de 5 años. Pero el problema radica cuando, ya entrados en edad, manipulamos nuestra realidad a través de quimeras promulgadas por seres absurdamente chabacanos. Los Rituales de Año Nuevo son un claro ejemplo de lo anterior. Comer lentejas, para la abundancia; usar ropa interior amarilla, para el éxito; comer 12 gajos de uva, representando el éxito de cada mes del año; salir a correr con una maleta por la manzana, para poder viajar; pararse y sentarse doce veces, para obtener matrimonio; tomar champán con un anillo de oro en la copa, para conseguir el mismo objetivo anterior; dar el primer abrazo a alguien del sexo opuesto, para conseguir una pareja... y así, un sinfín de estupideces que vamos haciendo cada vez más propias y, por cierto, vamos generando un vínculo irritantemente dependiente, pues si no hacemos algo que solíamos hacer años anteriores, le atribuiremos a cualquier vicisitud que nos pudiere ocurrir, al trivial hecho de no haber hecho alguna acción mundana. Así, por ejemplo, si no comemos lentejas y nos va mal en el año, tendremos a qué culpar.

Una de las cosas que, sin duda, me causa más risa, es que las personas, por lo general, asumen una postura falsamente positiva ante la llegada de un nuevo año. "Este año será el mejor", "Este año no cometeré los mismos errores", "Este año las cosas funcionarán", "Este año será mejor que el año pasado, pero no mejor que el próximo". A veces pienso que dichas vapuleadas frases, son nada más que hipocresía y pulcra mediocridad. Quizá esté equivocado o tal vez esté siendo incisivamente honesto. Quién sabe. Detesto atribuirle al año nuevo una connotación extremadamente milagrosa, es decir, no me gusta ver el 1 de Enero como la apertura del cielo y una tonelada de polvo de estrellas cayendo sobre las personas, sino, más bien, lo veo como lo que es: un día más. Un día que, por cierto, trato de vivirlo a concho y aprovecharlo minuto a minuto. Lo especial, en mi caso, es que es feriado y puedo compartirlo con mi familia, pero de ahí a asignarle otro significado divino, no.


®.

miércoles, 17 de octubre de 2007

Quizás...

Quizás jamás entenderemos aquello.
Quizás jamás sabremos cómo fueron las cosas.
Quizás jamás podremos ser lo que en realidad queremos.
Quizás jamás estaremos conforme con lo que tenemos.
Quizás jamás tendremos lo que queremos.
Quizás jamás lucharemos por lo que creemos.
Quizás jamás comprenderemos a nadie más que a uno mismo.
Quizás jamás nos comprenderemos a nosotros mismos.
Quizás jamás podremos soñar.
Quizás jamás hemos soñado.
Quizás jamás viviremos.
Quizás jamás hemos vivido.
Quizás jamás sentiremos lo que queremos.
Quizás jamás hemos querido sentir.
Quizás jamás sabremos lo que somos.
Quizás jamás hemos sentido quererlo.
Quizás jamás cuestionaremos lo evidente.
Quizás jamás existió tal evidencia.
Quizás jamás podremos entendernos.
Quizás jamás fue necesario.
Quizás jamás extrañaremos lo que hoy no tenemos
Quizás jamás tendremos lo que hoy extrañamos.
Quizás jamás ha sido siempre.
Quizás jamás ha sido algo.
Quizás jamás estarás.
Quizás jamás estuviste.
Quizás jamás te fuiste.
Quizás jamás llegaste.
Quizás jamás quise quererte.
Quizás jamás te quise.


¿Cómo podría saberlo si ni siquiera tengo noción de lo que es?...


®

domingo, 14 de octubre de 2007

¿Ser o actuar?

¿Cuántas veces nos ha pasado que al sentir que todo marcha bien, es un claro y efectivo síntoma de que algo malo ocurrirá? ¿Cuántas veces pensamos en hacer el bien, pensando en que eso es lo que haremos, pero terminamos haciendo algo malo? ¿Es que acaso estamos predeterminados para predominar el mal sobre el bien? Hay veces en que se siente hacer lo correcto, sin embargo, el resultado no es más que una horrenda y temible contradicción, quizá involuntaria. Es entonces cuando se cuestiona el obrar del propio proceder, aunque, eso sí, no pasa de ser sólo un pequeño evento en la vida. No obstante, preocupa el simple hecho de que esté presente, sobre todo cuando lo que menos se quiere hacer es lo que se termina haciendo. Lo verdaderamente peor, es la sensación de culpa e inestabilidad emocional y hasta estomacal, pues se siente un vacío en el estómago, algo así como si no se hubiera comido hace días, pero con la insatisfacción personal de que aquel dolor es a causa de un dolor aún mayor.
¿Cuán desesperadas pueden llegar a ser nuestras acciones al momento de no saber cómo actuar? ¿Es entonces cuando se debe acudir al mal menor? Y si así fuere ¿cómo medir aquel mal? En ocasiones, solemos preferir aquel 'mal menor' que nos proporcione una cantidad relativamente menor del daño que nos pudiere causar la otra opción, pero entonces ¿no sería ésta, una decisión egoístamente arbitraria? ¿Cómo se puede discernir entre un mal menor y otro 'no tan menor', si ni siquiera podemos elegir un 'bien mayor'? Quizá todo responda al simple patrón de que los seres humanos somos seres imperfectos y, por ende, rellenos de fe de erratas circulando por nuestro organismo. Sin embargo, y a causa de lo anterior, el hecho de incurrir en un mal obrar es intrínseco a cada persona y lo que en verdad diferenciaría a los unos de los otros, sería la manera particular de actuar ante cómo asumir las culpas de cada quien, reconociendo, por cierto, algo que va más allá de decir 'lo siento, me equivoqué', sino, más bien, hacer alusión al verdadero sentimiento de arrepentimiento, no a la barata prerrogativa de las disculpas o, en el peor de los casos, del perdón. Personalmente, nunca perdono, pues para mí, esa palabra involucra mucho. Tanto, que no sería franco al perdonar, pues sabré, de uno u otro modo, que en el fondo del asunto, hay una herida que quedará palpitantemente viva. Puede ser rencor, quién sabe. O quizás sólo sea una respuesta lógica ante un ilógico proceder.
®

lunes, 27 de agosto de 2007

Esencia de lo cotidiano

No todo lo que brilla es oro; es cierto, pero, ¿qué hay de aquel brillo que lo hace tan real? ¿Por qué suele ser tan confuso tratar, siquiera, de encontrar una respuesta a lo que nos parece tan fácil? ¿es, entonces, de esa vital importancia dicho asunto?

En lo cotidiano de lo mundano, nos encontramos o, más bien, nos enfrentamos a nosotros mismos, cuan espejo refleja un objeto. Ahora bien, más allá de la esencia de lo cotidiano, está el hecho de lidiar contra aquellos reflejos que intentan penetrar en uno mismo y que actúan como agentes patógenos en un medio angustiosamente preocupante y que por cierto, nos pertenece... ¿cómo luchar contra lo que no queremos si notamos que, con vehemencia, el fin es lo más próximo? ¿cómo hacer para evitar el propio dolor? ¿cómo querer hacer algo sin dañar a nadie, incluso a uno mismo? ¿cómo poder seguir adelante sin detenerse, aun cuando en el camino dejemos lesionados que no nos son indiferentes? ¿cómo poder querer ser feliz sin ser infeliz previamente?... quizá el hecho de ser feliz está tan sujeto a cambios, que no vale la pena luchar por conseguirlo, sino que disfrutarlo apenas sintamos algún síntoma, sin cuestionarnos cuánto durará o, en el peor de los casos, si lo merecemos o no.

A menudo, jugamos implícitamente a la supervivencia en una jungla camuflada de vida real, en donde el más fuerte sobrevive y pasa al siguiente nivel, pero aquella fortaleza no es una que responda a la fuerza bruta, meramente, sino, más bien, a aquella fortaleza espiritual para no caer a la primera de cambios o a la primera de imprevistos previamente previstos. ¿Cuántas veces nos ha pasado que haremos una determinada acción y terminamos haciendo, como ley, exactamente lo contrario? ¿por qué nos juzgamos e incluso autoflagelamos por aquello que, como sea, nos jugamos en algún momento de nuestras vidas? ¿será, a caso, que la rabia nos ciega y nos inhabilita para poder actuar con objetividad y certeza?... tal vez sean muchas preguntas concatenadas e incluso, en algún caso, la respuesta de una anterior, sin embargo, es menester señalar que todo obedece a un patrón inmerso en nosotros mismos, personificado en lo que no podemos ver sino antes hacerlo... entonces, ¿es necesario cuestionarse el devenir de aquello que no solemos entender a cabalidad?...



®

sábado, 30 de junio de 2007

Choose your choice!

Cansancio, estrés, rutina, obligaciones, deberes y un sinfín de sucesos similares es lo que suele presentarse al momento en que el fin llega a su inicio. Vale decir, solemos estar cabizbajos, ya sea por el abatimiento natural del fin de un ciclo o por la preocupación del '¿cómo llegaremos?', adicionalmente.

Es evidente que el hecho de que una persona asuma estar asustada o al menos preocupada por cómo recibirá el fin de ciclo es porque en verdad le interesa. Ahora bien, ¿es normal preocuparse de algo sólo cuando ya no se sabe qué hacer?, es que a caso ¿está bien preocupase por algo de lo cual, inicialmente, no se tomó en cuenta? ¿es, entonces, necesaria tan súbita aprensión?. Quizá la respuesta más elocuente y rauda que pudiere venirse a la mente es 'preocúpate de lo que te preocupa'; es patéticamente lógico, sin embargo, muchas veces necesitamos (ojo con el carácter de necesario), una suerte de presión adicional a un determinado asunto para poder cumplirlo a cabalidad, pero ¿qué hacer cuando ya te das cuenta de que es demasiado tarde?. Es entonces cuando me pregunto si en verdad 'eso' era tan importante; aunque desde el momento en que comienza a preocupar la no realización de dicho asunto, es porque no era tan indiferente, después de todo.

Otro tema importante, también concerniente a la toma de decisiones, es, justamente, saber qué opción elegir.

Es cierto que muchas veces se presentan innumerables alternativas en el quehacer diario, las cuales, en algunas ocasiones, son absolutamente necesarias e incluso se llega a agradecer su presencia; sin embargo, existen otras muchas veces en que esta baraja de oportunidades es tan amplia, que sólo retrasa el proceso, pues no se sabe qué elección realizar. Ahora bien, lo anterior denota una clara inexactitud en lo que de verdad se quiere, entonces, quizá no es tan necesaria la toma de decisión. Pero, ¿qué pasa cuando esa amplia gama de oportunidades difusa se trata de tu futuro? ¿es, a caso, una opción dejar todo y empezar desde cero? y, si así fuere ¿qué pasaría con las represalias?. Tal vez cuando se decide dejar todo atrás y recomenzar algo, no es tan importante el costo de algunas cosas por otras; quizás todo lo nuevo es mejor que la nada anterior, pero, entonces ¿cómo construir un futuro sin un pasado muy presente?.


®

viernes, 4 de mayo de 2007

Shoulda, coulda, woulda...

Dolor, pena, angustia, desolación, desconsuelo, agonía, desdicha... ¿por qué cuando uno cree tenerlo todo, se da cuenta de que falta mucho para llenar el todo?, quizá sea porque el todo involucra nada y nada incluye todo, sin excepción recíproca.

¿Cómo conformarse con el todo si se sabe que la nada está presente?. Me gustaría poder hacer y decir muchas cosas, tantas y tales, que quedaría peor de lo que estoy, pero sólo con el consuelo o gratitud de haberlo hecho. Tal vez sea el precio al que se subasta la felicidad momentánea o, en una de esas, la definitiva.

No quiero seguir pretendiendo pretender que quiero dejar de hacerlo, pues realmente no deseo que así lo sea, pero entonces, ¿qué es lo que quiero?. ¿Por qué no existe una suerte de botón de pánico para accionar cuando sea pertinente?. Quizás esto no sea más que una burda contradicción, pero, ¿cómo saber a tiempo si se debe accionar dicho botón?.

Es cierto eso que dice que mientras más cueste algo, más se aprecia, pero la verdad es que esa tortuosa espera del inminente veredicto es lo que puede originar el desprecio por lo que alguna vez tanto se luchó.

Hay veces en que creo que la espera no es realmente importante, pues usualmente, cuando hago esperar a alguien por algo, es porque mi indecisión es mayor y a veces incluso, absoluta.

¿Cómo se puede herir más: ocultando una culpa o asumiéndola?, ¿cómo evitar herir a quien más se quiere?, ¿o es que si se hiere es porque no se quiere?. ¿Qué hay de las mentiras piadosas?, ¿por qué las justificamos, si al fin y al cabo son mentiras?.

No quiero cuestionarme tanto, de hecho, lo intento, pero sólo logro intentos fallidos, preguntándome el porqué del porqué, sin llegar a una respuesta concreta, sino que resuelvo sólo conjeturas que pueden ser vistas desde diversos ángulos, cuáles de ellos más desfavorables.

Me encantaría hacer lo que pienso o, más aún, lo que siento, pero definitivamente no puedo o... no debo. ¿Cuándo se debe escuchar al 'debo' o al 'quiero'?. En verdad sería mucho más fácil que el deber ser respondiera mutuamente al querer ser, quizá así las cosas resultarían no más fáciles, sino que de una mejor forma.

domingo, 29 de abril de 2007

La vida misma

Todos los días nos vemos enfrentados a distintos retos; unos más importantes o trascendentes que otros, es un hecho. Sin embargo, existen momentos en la vida de cada quien que la simple pregunta '¿té o café?' hace que sus vidas se compliquen y, en definitiva, no saben si lo que quieren es una cosa o la otra o, lo que es peor, las dos.

¿Cómo saber si se está haciendo lo correcto?, ¿es que acaso quien no se arriesga, no cruza el río?, ¿qué sucede si el río es muy torrentoso y no sé nadar?. Creo que cometiendo errores se aprende, pero ¿qué pasa si lo que está en juego son los sentimientos?. Hay un proverbio ruso que dice 'Dorevai, no proverai', que significa 'Confía, pero verifica' ¿cómo se puede llegar a ese justo medio tan anhelado?. Me gustaría que las cosas fueran más simples, pero estoy seguro de que si así lo fuera, nada sería especial, pues todo sería realizable o determinado con anticipación.

¿Sentir o pretender?, ¿demostrar u ocultar?... ¿qué es más doloroso: sentir dolor o no querer sentirlo?. Pagaría por saber la mitad de las cosas que no sé, pero pagaría el doble por no cuestionármelas. De hecho, sé que mi gran defecto (qué irónico!), es pensar mucho en las alternativas y al final siempre termino encontrando la opción 'ninguna de las anteriores'.

El silencio es el mejor ruido cuando se necesita pensar, pero creo que ya mi silencio estalló y ensordeció a cuanto ser humano atropelló. Ya no quiero ocultar lo que siento y me gustaría que el silencio que me envuelve pueda gritar lo que siento por ti, quiero dejar de evitar el dolor de la indiferencia del verdadero dolor, quiero que me veas tal cual soy, así como te veo yo a ti y como no te ocultas, incluso en tu inmaculado silencio.