miércoles, 29 de julio de 2009

Hold me tight... then let me go.

How could I put back what I thought was made to be unbroken? Then I put my hands on my face and starts a deeply beating into my lungs; I just try to figure out what is going on outside, I used to need answers, right answers. However, passing time through my eyes and through my veins, I just looked away and then I got an answer, which waited for me for a long time… sounds weird, doesn’t?...

Long time ago, I used to trust in what I used to need, that is the reason why I need back to where I was and let be who I used to. Time by time, people use to say and to do a lot of wrong acts, which got nothing but troubles… and many “avoidable” mistakes. No matter what you do, if you didn’t care about what you did. So, if you really want to change you must be carefully worried about your environment, and I’m not just talking about the trees and stuff, I’m talking about hard work and our relationships status, because we’re not alone… even when we would really want it to.

I’ve been thinking about my relationships status and, to be honest, it really sucks. That last time I have spent my time trying to figure out what I cannot… or what I shouldn’t. What is going on with me? What did I do? Did I do something pretty bad in the past? I just need to learn walking by my own again, because breeze started before than I thought… even before that I wanted to.

Somebody told me “never say goodbye after having looked back”… what a genius! It’s freaking awesome, and truly as well. Why we just refuse to say goodbye? I can feel the fear, it has been my real partner all this time, I know I must keep walking and having my head held, but it’s difficult and tough… but absolutely necessary.

Sometimes I guess my eyes will turn empty and dry. No more tears, I said to myself, not anymore… no more spending time for wasted people… waste goes wasted.

How could I do to avoid what I feel? How could avoid what I cannot feel? Maybe I’m just overwhelmed and confused for all what I have passed by… or maybe I’m just being who I really am. I couldn’t help it; it’s all my fault.

I’d like to close my eyes and then open them up and be who I really want to, at last, who I was. I want to change the freaking sheet and go to the next one.

Unheard voices, unanswered questions, unheard beatings, closed senses; breathe no more, bleed no more. I always wanted to do the right things, having in mind my own wishes and respecting the others. However, suddenly and almost “magically” I started to my own second scene (and sometimes third). I won’t let me to the last turn and I won’t care about the people… not more than me. Time will pass by and I won’t let it pass by…. Not in vain.

sábado, 18 de julio de 2009


Me levanté como cualquier otro día, tal vez con un poco de molestia matutina, pues un sábado no suelo levantarme antes de las once de la mañana, y mucho menos si ese día forma parte de mis vacaciones… casi impensado. Cuando salí de mi casa, visualicé muy pocas personas en la calle, tan pocas, que parecía día de semana no de vacaciones. El frío típico de esta fecha se dejaba entrever con un casi difuso vaho que desaparecía conforme yo me agitaba al caminar; necesitaba llegar pronto.

Cuando al fin divisé a las primeras personas, pasé por el lado de aquellas dos mujeres y allí estaban, discutiendo, al parecer, por un asunto legal en el cual estaba inmerso un tercero -"Tienes que hablar con tu abogado”-, le decía la una a la otra, mientras esta última le contestó -"Mmm… es que no estoy del todo segura”-. Luego de ello, las mujeres y su judicial conversación, se desvanecieron. Seguí adelante, el tiempo apremiaba.

Más adelante, a unos escasos 100 metros, dos señoras y un niño caminaban en mi contra, tal vez con menos consciencia que el tiempo transcurría, pero, al igual que la pareja anterior, venían discutiendo: -"… no, si más encima, la otra le debía veinte lucas a la mamá y quedó la cagá'…’”-. Ambas mujeres estaban enfurecidas y el niño, con un ánimo de no hacer sentir mal a la señora de la que iba tomado de la mano, ni se inmutaba por los tirones repentinos que le daba, tal vez culpándolo implícitamente por la delación en su andar… quizá.

Cuando crucé la plaza en la que estaban las tres personas anteriores, crucé una calle, de la cual su nombre siempre es sinónimo de acudir a alguien más para poder orientarme. A cuadra y media del “inicio” de la nueva calle, una señora muy acongojada por su, tal vez, esposo (o algo por el estilo), le dijo eufóricamente: -"Ah, no po’ weón, tení’ que rallarle la cancha, porque o si no se te va a subir por el chorro y hasta ahí no más vai’ a llegar…”-, y el tipo, casi con vergüenza ajena, le dijo mirándola a los ojos y balbuceando un perfecto chileno: -"Eh… tení razón voh’, igual”-. Decidí caminar más rápido.

El olor a humedad del lodo y el camino adornado con casas que se asemejaban a fortalezas cubiertas por rejas interminables, hacían que mis ansias por llegar fueran casi de primera necesidad. Casi no había sonido por esa calle, uno que otro grito de una señora hacia un niño, advirtiéndole que dejara de correr por un pasaje aledaño, además de la infaltable música que abundaba en algunas casas, con sonidos estridentes de parlantes que sólo querían un respiro. Tal vez lo hacen para olvidarse de la realidad que está al otro lado de la reja; sin embargo, quien vea esa coraza de fierro, difícilmente quedará indiferente de la protegida y resguardada realidad.

No sabía qué pasaba, pero esa mañana nadie quería nada bueno para nadie de esa calle. Creo que yo zafé de eso sólo por mi tránsito inusualmente rápido y pasajeramente eventual. Todos pelearon o al menos estaban desagradados con lo que pasó el día anterior, el anterior a ése, la semana o quizá lo que paso el lunes o tal vez, hasta el mes pasado. Todos tenían algo de qué quejarse… ¿por qué?. Entiendo que los problemas son realmente incómodos y son capaces de desequilibrar cualquier normal funcionamiento, sea cual sea el caso. No obstante lo anterior y a pesar de ser muy difícil de llevarlo a la práctica, todos, sin excepción aparente, necesitamos la existencia de los mismos; que aburrido sería vivir una vida tan monótona que hasta los problemas se aburrirían de existir. Los problemas, para mí, no son más que facturas de errores pasados, los cuales podemos y debemos solucionarlos con la mente fría y, de preferencia, en la intimidad de nuestro hogar.

Experiencia no tengo mucha, pero siempre tendré la certeza y absoluta confianza en que en cada uno está la clave para surgir de los problemas que a diario nos aquejan, ya sean deudas, problemas familiares, líos personales o, lo que es aún peor, una mezcla de todo lo anterior. Siempre habrá más de una salida para un problema y sólo dependerá de dicha elección, el devenir de nuestra existencia, aun cuando existan “problemas” fuera de nuestro alcance, pero que, aun así, nos atingen… me refiero a las decisiones de los demás. En esos retorcidos casos, sólo podemos apelar al vilipendiado concepto de justicia… o a la nunca bien ponderada suerte.

martes, 14 de julio de 2009

Otra típica noche de Julio.


Tantas ideas nublan mi pensar, tantos recuerdos que quedan y otros se van; lo importante es nunca dejar de mirar atrás, tal vez no tan seguido como quisiera, pero voltearé cada vez que necesite recordar. Vivir el presente para poder contar con un futuro promisorio o quizá, al menos, uno que dé tranquilidad es el objetivo circunstancial.

Sigo escribiendo en el mismo lugar, pero en un tiempo distinto. El frío sigue entrando por la ventana, la misma que abrí para dejar ir el humo aquel; humo que me dejó tan clara permanencia y pertenencia, que difícilmente lo querré olvidar. Hoy no hay ningún perro aullando, sólo está su recuerdo y la luna que se deja entrever a través de un vidrio empañado que con mis manos quise desempañar. Puedo sentir el olor a humedad, esa humedad que produce volver atrás, a tiempos mejores que hacían parecer todo normal. Mi aliento se desvanece en un elocuente y efímero vaho; vaho que se quiere quedar por una eternidad. Necesito estar donde estoy, nunca renegaré mi verdad, mi momento actual.

Hoy por fin volví a ver ciertos colores que yacían opacamente olvidados entre el negro y el gris. Por fin siento el frío; frío que cálidamente se transforma en bienestar. Mi mano está helada, mas no cansada de escribir, no cansada de expresar.

Un hombre, sigilosa y cautamente cruza el estacionamiento, mira por doquier, esperando encontrarse con su destino, algo ilógico si se toma en cuenta que es la una de la madrugada, aunque nunca es tarde para encontrarse con uno mismo e incluso para reencontrarse... De pronto, el hombre se da cuenta de la circunstancia, sube su chaleco hasta cubrir su boca y parte de su nariz, frota sus manos y camina más rápido, no puede esperar a que el frío congele su cita. Lo felicito, es un mortal.

A lo lejos escucho el tránsito, bocinas y una alarma de un local, todo lo cual, a pesar de su sonido, es silenciado por el murmullo típico de una noche de Julio.

Cubro mi cabeza con un gorro, pues el frío ya comienza a entrar por cada poro de mi rostro, sin embargo, por ningún motivo quiero dejar de escribir...

La luna ya se ve más borrosa, pues ya no está en la silueta que desempañé... Brumosa y misteriosa avanza para encontrarse con otros rincones del mundo. Miro por la ventana y allí está el hombre otra vez, ahora eso sí, ya más conforme con su encuentro con su futuro pasado, caminando más lento que la primera vez, así como también, más consciente del frío que hace; se dirige a su punto de origen... Quizá cabizbajo, tal vez conforme, no lo sé.

Una serie de sonidos nocturnos llegan a mis oídos; sonidos que se ven perturbados por la voz de mi padre, preguntando -"¿Quién tiene la luz del comedor prendida?"-.

Miro al interior de la ventana entreabierta y encuentro un montón de fotografías felices; unas de un matrimonio y otras cuantas de unos cuantos cumpleaños y festejos en la playa... Soy tan feliz; tanto que a veces no entiendo para qué no serlo... nunca he dejado de serlo, por cierto, sólo que en ocasiones no entiendo ciertas señales enmarcadas en melancolías circunstanciales.

Momentos felices... Así se traduce mi vida, aun cuando a veces y sólo a veces, la luna se vea empañada y el vaho permanezca inmutable en mi interior. No puedo decir que mi vida es injusta, pues tengo todo lo que necesito, así sin más; y no es pecar de soberbio, sino más bien, es un íntegro y casi exhaustivo análisis de mi realidad; aun cuando no haya de qué lamentarse, siempre estaré evitando sobrevivir, pues siempre intentaré vivir de la mejor manera posible; aun cuando la niebla y el ensordecedor silencio nocturno, a veces interrumpido, no me dejen ver más allá de las palabras. Seré feliz porque ésa es mi esencia y no dejaré que un perturbador aullido o un intransigente humo empañen mi ventana.

Aún en noches como ésta, en que el humo se muestra con recelo, intentaré ver más allá de donde alumbran los focos y seré capaz de ignorar el frío, mas no dejar de sentirlo.

Mis manos ya se congelan. Creo que por hoy, sólo por hoy, es suficiente de este manifiesto auto-realizador.

La luna y el hombre ya desaparecieron... al menos de mi empañado cristal.

lunes, 13 de julio de 2009

Una típica noche de Julio


La noche silenciosa y yo aquí, siguiendo sin sentir nada... ¿Cuánto más tendré que esperar? ¿Cuánto más tendré que no sentir? ¿Cuánto más tengo que dejar pasar? ¿Cuánto más tendré que respirar? ¿Cuánto frío tendré que dejar de sentir?.

El perro aúlla y nadie más que yo lo escucha; nadie más que yo siente su dolor de no tener adónde ir; sólo yo sé cuánto ansía encontrar un albergue, un sitio seguro para dejar de sufrir.

Una lágrima, un sollozo, un pensamiento en blanco preguntándose dónde se fueron todos los colores que alguna vez me acompañaron. Un frío halo de dolor, una perdida mirada y una sensación de fría soledad.

Sin palabras me voy quedando conforme el maldito sonido del reloj me envuelve y me recuerda que aún no llega mi hora... ¿Cuánto más tendré que esperar?...

¿Por qué la espera se ha albergado en mi fatídica existencia? ¿Por qué el reloj avanza y yo sigo aquí, escuchando el aullido ya casi sin aliento del animal abandonado?. Poco a poco su sonido desaparece; aun así, sigo esperando escuchar su pesar, su dolor y desdicha.

El cielo está rojo, la niebla se confunde con los pensamientos que no se quieren ir... al menos algo de compañía hay.

Quietud, extremo silencio, todos pasan sin importar y sin preocuparse... tal vez escapan del frío o de la noche sin sonido. El sueño se va lejos, muy lejos de mí; y así como todo, espero mi fin; fin que por cierto no sabe cuándo llegar, sólo sabe que debe esperar; esperar, quizá, que el perro vuelva a aullar o, quizás, que tan sólo yo lo vuelva a oír... claro está que nunca lo dejaré de escuchar, aun cuando no esté y no haya animal alguno que extrañar, pues siempre quedará el amargo final que se hizo esperar.

Poco a poco los árboles se mecen esperando que un viento los corte de raíz; árboles que sólo apreciarán su importancia cuando ya no estén... ¿sólo nos damos cuenta de nuestra utilidad cuando no la podemos volver a tener?

Un paso atrás y todo queda en nada; nada que nada en el mar del todo olvidado; olvido que no olvido ni olvidaré.

Repentinamente, el cigarro que con tanto fervor ardía, se apaga, pierde su luz; poco a poco y con la clara intención de mantenerlo vivo, lo fumo suplicándole que no se deje apagar, no hasta que al menos yo lo decida. Su humo, ahora más fuerte, me dice que sigue aquí conmigo, pero sabe que el tiempo es sólo cuestión de paciencia; paciencia que, ya sea por el frío o por la vida misma, he dejado de tener. -Por favor no te vayas- le dije, cuando ya su filtro perforaba mis pulmones; pulmones exhaustos de funcionar.

Un frío suspiro sopla por la ventana del comedor, la que dejé abierta para que el humo se fuera lejos, muy lejos, para que yo, a la vez, me fuera con él... lamentablemente, no le pude acompañar... y solo emprendió su rumbo, hasta desvanecerse por completo, frío y olvidado.

El perro ya se durmió... o tal vez sólo lo olvidé.