En ocasiones, pensamos que el tiempo es el pasajero menos pasajero que pudo haberse puesto en nuestro camino; siempre nos da sorpresas, aun cuando esté lejos de ser ésa su final funcionalidad. Las personas solemos pretender alejarnos del paradero que espera por el tiempo, solemos quedarnos fuera de ese techo albergador, tal vez por miedo o por personal conformismo. El punto es que muchas veces en nuestra existencia pretendemos huir o al menos evitar que el bus del tiempo sea el que nos deje entre las avenidas Inestabilidad y Desdicha; sin embargo, en ciertas ocasiones el letrero del bus está empañado, tal vez, con una nube grisácea. No obstante lo anterior, muchas veces los conductores se olvidan en cambiar el recorrido y nos subimos por equivocación. Aún en esos casos tan adversos, la inestabilidad es patéticamente necesaria, de lo contrario ¿Cómo encontraríamos nuestra estabilidad?
Las cosas pasan por algo, lo sé, y por más conformista que sea, lo acepto y, créanme, no es tan terrible asumir el devenir del tiempo. El tiempo construye la historia y ésta, a su vez, empiedra nuestro camino comúnmente conocido como vida; es por eso que se hace tautológico recalcar que el tiempo hace la vida. Por dicha argumentativa explicación existencial es que hace falta de cuando en cuando tomarnos el tiempo de esperar a este último, aun cuando no estemos realmente seguros de que las cosas saldrán como las idealizamos. De hecho, el único camino para poder concretar un acto es dándole tiempo, ya sea para poder concretarlo o para poder llegar a entenderlo.
Actos desesperados en tiempos de crisis suelen ser los responsables de tener que cambiarnos de bus y aventurarnos por otro que tenga cinturones de seguridad, un letrero desempañado y un chofer que conozca el recorrido.
Las cosas pasan por algo, lo sé, y por más conformista que sea, lo acepto y, créanme, no es tan terrible asumir el devenir del tiempo. El tiempo construye la historia y ésta, a su vez, empiedra nuestro camino comúnmente conocido como vida; es por eso que se hace tautológico recalcar que el tiempo hace la vida. Por dicha argumentativa explicación existencial es que hace falta de cuando en cuando tomarnos el tiempo de esperar a este último, aun cuando no estemos realmente seguros de que las cosas saldrán como las idealizamos. De hecho, el único camino para poder concretar un acto es dándole tiempo, ya sea para poder concretarlo o para poder llegar a entenderlo.
Actos desesperados en tiempos de crisis suelen ser los responsables de tener que cambiarnos de bus y aventurarnos por otro que tenga cinturones de seguridad, un letrero desempañado y un chofer que conozca el recorrido.
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