jueves, 28 de octubre de 2010

Setenta y cinco cosas que no me gustan (Seventy five things that I don't like)


  1. Dormir poco (sleepless nights)
  2. Estar mucho tiempo en un mismo lugar (stay longer in the same place)
  3. Despertar en la noche (wake up in the night)
  4. Desayunar rápido (having a quick breakfast)
  5. Lavar la loza (cleaning dishes)
  6. Perder el tiempo cuando creo que no lo estoy perdiendo (missing time when I think I’m not missing it)
  7. Escuchar la palabra “Señor” (listening the “Lord” word)
  8. Las religiones (Dios, las iglesias, los santos y todas esas cosas) / (religions –God, churches, saints, and so on)
  9. No tener a mano lápiz y papel (having no pen nor paper at hand)
  10. Las mentiras (lies)
  11. Apurarme cuando creo que no es necesario (hurrying myself when I think it’s not necessary)
  12. La gente ordinaria (vulgar people)
  13. Hablar en voz alta (extremely out loud conversations)
  14. Jugar fútbol (playing football)
  15. Leer (reading)
  16. La mayonesa (mayonnaise)
  17. Las bebidas (sodas)
  18. El té o el café con azúcar (coffee or tea and sugar)
  19. Los productos libres de azúcar (light o diet) / (sugar free products)
  20. Los colores fluorescentes (fluorescent colours)
  21. El reguetón (reggaeton music)
  22. La música sound (cumbia music)
  23. El color blanco (white colour)
  24. El olor a encierro o humedad (bad ventilated places)
  25. El olor a cuerpo desaseado (“human body” stench)
  26. El cabello sucio (dirty hair)
  27. No bañarme en un día (not having a shower every single day)
  28. La carne de cerdo (pork’s meat)
  29. El calor (the heat)
  30. No poder lavarme las manos cuando quiero (not washing my hands when I want to)
  31. Los comunistas (communist people)
  32. Los pinochetistas (Pinochet’s followers)
  33. Los anarquistas (anarchist people)
  34. Los cortes súbitos de luz (sudden short circuits)
  35. El maltrato animal (animal mistreat)
  36. La Constitución Política de la República de Chile (Chilean Political Consitution)
  37. Los prejuicios (prejudices)
  38. La discriminación (discrimination)
  39. No tener dinero (bankrupt)
  40. Olvidar mis llaves (forgetting keys)
  41. Olvidar mis documentos (forgetting my wallet)
  42. Olvidar mi celular (forgetting my cell-phone)
  43. Acordarme de los nombres de personas que conozco hace poco (remembering names of people that I barely know)
  44. Usar Internet Explorer (Internet Explorer browser)
  45. Usar calcetines en verano (wearing socks in the summer time)
  46. Los insectos y arácnidos (insects and arachnids)
  47. Las aves enjauladas (caged birds)
  48. La pobreza (poverty)
  49. No saber (ignorance)
  50. Enterarme de la vida de gente que no me importa (knowing about people who I don’t care)
  51. Sacudir los muebles (brushing the dust off the furniture)
  52. Cortarme las uñas muy cortas (cutting my nails too cut)
  53. La asimetría (asymmetry)
  54. Decir lo que no siento/quiero (saying what I don’t feel nor what I don’t want)
  55. Caminar lento (slow walking)
  56. Las faltas de ortografía (orthography mistakes)
  57. Comer más de cuatro veces en el día (having more than four meals in a day)
  58. La gente que no tiene vida y se ocupa de construirte una (people without lives, but worried about building you one)
  59. Gritar (screaming)
  60. Ir de compras a la feria (going to the street market)
  61. La gente egocéntrica y/o “centro de mesa” (egocentric people)
  62. Que en mi país exista tanta desigualdad (the Chilean inequality)
  63. La gente mediocre (mediocre people)
  64. Las protestas (protests)
  65. Los que se creen revolucionarios y no son siquiera visionarios (people who think they are the best, but they cannot even see their own reflects)
  66. Que la gente no sepa cuidar de sus mascotas (people who don’t take care of their pets)
  67. Ver basura en el suelo (trash on the street floor)
  68. Ver a mis amigos discutir (friends having a fight over a silly little thing)
  69. Leer el diario (reading newspapers)
  70. Decir garabatos (saying swearwords)
  71. Escuchar la bocina del camión del gas (listening the gas-truck horn)
  72. Escupir (spitting)
  73. Las espinillas/granos (pimples)
  74. Olvidarme de lo que iba a decir (forgetting what I was about to say)
  75. Los reality shows (reality shows).

*all written by me.

lunes, 27 de septiembre de 2010

El respiro de la muerte


No entiende por qué no puede ser feliz sin hacer infeliz al resto o al menos no esperar que lo sean. No quiere seguir viviendo así. No le interesa que el resto sea feliz, porque sólo se entera de su infelicidad. No es que su vida entera sea o haya sido un infierno, pero lo que sí lo es, es su presente. No aguanta un día más. Quiere que todo termine. Extrañará a su familia, de eso no cabe duda, pero por otro lado está su descanso, el de olvidarse de sus problemas; simplemente dejará de existir. Lo más triste es que sólo su familia sufrirá… Bueno, también sufrirían otras personas, pero es que realmente no le interesa el sufrimiento de ellos. Le apena no haber podido hacer feliz a más gente, aunque lo que más le apena es no haberse podido hacer feliz a sí mismo. No quiere vivir más. No quiere sufrir más. Está harto de esperar y hacer cosas equívocas. Se cansó de sus errores. No quiere estar más aquí. Quiere dejar de sentir y terminar este maldito paso por este mundo. Extrañará a su familia, lo sabe. Ellos lo son todo para él, pero ellos se tienen a ellos mismos y serán capaces de superarlo y de ayudarse los unos a los otros. Ellos, como siempre, le comprenderán y respetarán su decisión, aunque al comienzo les cueste entenderlo, luego se harán a la idea de vivir sin él físicamente, pero también sabe que su espíritu seguirá junto a ellos, en sus recuerdos, alma y sangre. Él no los olvidará, aún cuando él crea que una vez estando muerto, él ya será historia, ya no estará más en sus recuerdos, porque ya no tendrá recuerdos, porque ya no existirá más. Ya no tendrá preocupaciones, ni siquiera algo que le atormente, ni siquiera un problema existencial, porque para él, la existencia ya habrá sido una etapa superada, porque él, sencillamente, ya no será más él, ni ningún otro ser viviente. Sólo queda esperar su descomposición corpórea y finalmente ser feliz, aún cuando eso implique dejar de ser para siempre.

Él lamenta no apreciar a la gente que “debiera”, pero es que honestamente es incapaz de sentir afecto por alguien que no sea su familia. Socializa sólo por un tema de convivencia y extrema necesidad. Él sabe que podría vivir sin socializar, vivir sólo con respirar y comer. Querer no vale la pena, porque siempre está el riesgo de tomar una pésima decisión… Una de las tantas que le han acompañado a lo largo de su vida. Él asume que no ha sido infeliz en mi casa, pero admite ser muy infeliz fuera de ella, así como también reconoce ser el ser más iluso y malintencionado a la vez, cruel y feliz, desdichado y optimista.

Cómo desearía poder morir libremente y dejar a un lado esta estúpida cobardía que sólo prolonga su infelicidad y hace de su felicidad una ilusión cada vez más inalcanzable. La vida es bella cuando la valoras; su problema es que no la valora y sólo es por su culpa, porque ya no aprendió a ser feliz, porque le da lo mismo serlo si eso significa seguir sufriendo. Ya no quiere sufrir más, quiere dejar de respirar y olvidarse de todo lo que le ata a estar vivo, aún cuando -una vez más- extrañe a su familia: los abrazos, sonrisas, miradas y el aroma de mamá; las palabras de papá, su olor, su beso de buenas noches; los abrazos, besos, caricias, palabras y gestos de afecto de sus hermanas… Sí que le harán falta.

Necesita poder hacer lo que quiere hacer y dejar de quejarse por no poder hacerlo. Quiere morir y olvidar su infelicidad y sentir que su fin ha llegado para siempre. Quiere que por fin la muerte le lleve. Sabe que causará dolor en algunas personas, pero se les pasará. Él es responsable de su vida y de su muerte, de su felicidad e infelicidad, pero es que ya ha hecho de todo para poder ser feliz y de alguna u otra manera todo se encarga para salir del modo menos afortunado para él. Quiere cerrar los ojos para siempre y dormirse con una canción de cuna eterna, una que su familia le cante a coro para no olvidar jamás sus voces.

Quiere por fin alejarse de lo que le hace daño, quiere por fin estar sin preocupaciones incomprensibles, quiere dejar de agobiarse por personas que no valen la pena. Quiere dejar su vida atrás y para siempre. Quiere morir, y razones le sobran. No le importa si las personas le creen egoísta, puesto que sabe que es el mejor de los egoístas y no le interesa reconocerlo; Sabe que algunos sufrirán, pero ese dolor no será comparable con todo su dolor.

Ya siente cómo poco a poco sus ojos se van cerrando y sus respiros tardan un poco más entre uno y otro. Siente ese mareo inexplicable que provoca la visión borrosa y la sudoración helada en las manos, cuello y espalda. Una fría brisa recorre su cuerpo y poco a poco sus sentidos se desconectan y todo comienza a ser un mero acto reflejo. Ya no siente aromas ni sabores. Su lengua está secándose y cada vez su garganta sufre los embates de la deshidratación. Comienza a sentir su cuerpo adormecido y sus articulaciones comienzan a dejar de reaccionar. Ya pierde la noción de lo que escribe y lo que alguna vez le pareció frío y no caliente, pues ahora sólo es un estado permanente sin poder distinguir entre una u otra temperatura. Voltea su cabeza hacia su lado derecho, se levanta, mira a través de la ventana de su habitación y comienza visualmente a despedirse del lugar que le vio crecer. En su estado de inconsciencia, piensa en su familia y se va despidiendo de cada uno de ellos, abrazándolos, sintiéndolos, amándolos y recordándolos por última vez.

Ha dejado de escribir.

viernes, 17 de septiembre de 2010

El irracional Humabot


Lo que para unos puede ser placentero, para otros puede llegar a ser una aberración y una contradicción en sí mismo.

Sin querer irrumpir en la explicación de un paradigma instaurado en la retórica y recursiva existencia de un hecho, a veces nos llenamos la cabeza de pensamientos que nos agobian y sólo consiguen liarnos cada vez más. Cada cosa tiene su causa y, por supuesto, su efecto.

Sin ánimo de desprestigiar el arduo, honesto, respetado y siempre responsable trabajo de los psíquicos, me atrevo a decir que los seres humanos fuimos creados para no saber qué pasará, aun bajo situaciones de “total control”; fuimos hechos para cometer errores y para idealizar al Súper Hombre con el objeto de tener un patrón conductual predeterminado y sujeto a los diversos reproches tras las caídas que pudiéramos llegar a tener. "Esto es lo que debemos hacer”… ¡A la mierda! Deberíamos pasar más tiempo pensando en cómo mejorarnos a nosotros mismos con nuestros “errores de fábrica” incluidos, y no pretender prescindir de ellos, tratando de moldear al “Humabot* que queremos llegar a ser.

A través de lo largo de la historia, nos hemos esforzado por crear, entender, aprender y refutar teorías acerca de la perfección humana, pasando desde teorías antropológicas hasta ciertas teorías económicas basadas en la existencia del Ser Humano racional. Somos imperfectos por naturaleza, ¿para qué crear al Hombre racional? Es más, al querer crear un Ente racional, caímos en la irracionalidad misma de querer crear algo pulcro y sin defectos, siendo que somos Seres imperfectos. Sin embargo, tenemos la luz de esperanza de aprender de nuestros errores y de “racionalmente” comprender que la historia evoluciona debido al reconocimiento de nuestros traspiés y al entendimiento que implica el no volver a cometerlos… Por una cuestión de mera racional irracionalidad.

En ocasiones pienso que nuestra felicidad está directamente relacionada con el nivel de irracionalidad bajo el cual actuamos; No obstante, siempre está nuestra parcelada racionalidad que nos ata al suelo y nos hace analizar las situaciones, muchas veces, luego de que éstas hayan sido realizadas. El arrepentimiento siempre es una puerta de escape, aun cuando no ayude de mucho a mejorar la imagen del “Humabot” personal que hemos construido.

*(Mezcla de Humano y robot, tanto cuanto respecta, por un lado, las características humanoides y, por otro, la frialdad y predeterminación de un robot… Sí, mi creatividad a veces me deja sin palabras)

domingo, 29 de agosto de 2010


Es una sensación extraña, casi como de no entender o no querer darse cuenta de lo que pasa a tu alrededor. Tal vez sea por la incómoda realidad o quizá por algo que no se logra explicar bajo algún razonamiento preestablecido.

Transversalmente, las cosas cambian; ya sea mediante mutación, mimetismo, absorción e incluso hasta por la fuerza de tener que cambiar. Es cierto, los cambios son siempre para mejor, aun cuando en el momento veamos que el mundo se ha detenido –o, en lo opuesto, se ha comenzado a mover a velocidades descomunales–. Lo tangencial y realmente significante, es que las personas cambian (cambiamos, de hecho); sin embargo, y lo más incómodo de todo esto, es cuando te enteras de que el cambio no te incluye a ti (en este caso, y por paradójico que suene, la exclusión sería parte del cambio) Lo difícil de aceptar es cuando dicho cambio te golpea en la nariz y no te enteras sino hasta cuando ya has comenzado a sangrar por una herida que pudo ser evitada; los cambios duelen, de eso no hay duda.

Cambiar está permitido, siempre y cuando no olvides lo que has sido y seguirás siendo (aun luego del cambio) De un tiempo a esta parte, he pasado por algunos cambios; unos endógenos y otros exógenos, todos los cuales han sido útiles para entender la nueva configuración de mi vida y la de los que me rodean. No obstante, y a pesar de mi ímpetu por querer comprender la nueva “matrix” en la que me he visto envuelto, no dejan de haber situaciones que me dejan, por decirlo menos, perplejo.

La gente va y viene como si no se enteraran del tiempo y los lazos que se han ido creando a través del tiempo, y ojo, que cuando digo “tiempo”, no me refiero a uno, dos, ni seis meses, sino de años. Lazos que, por cierto, alguna vez se creyeron indestructibles y a prueba de todo –y de todos–; lazos que soportaron tiempo y distancia y que al regreso –o al reencuentro, llámese como se apetezca–, sólo fueron sujetos de cambios y de irreconocibles realidades que dejan atónito hasta al más incrédulo de los mortales.

Cuando viajé de vuelta a Chile, esperé encontrarme con nuevas realidades; es decir, siempre estuve expectante respecto a la nueva orientación que tomaría mi día a día y mi relación con mi entorno –ya sea con mi familia, o con mis amigos–; empero, nunca estuve preparado para comprender sustantivamente ciertos cambios que hasta hoy vulneran mi reflexión comprehensiva de la vida. Nunca pensé que todo seguiría tal cual, menos luego de un terremoto –evento que no sólo modificó la geografía de mi territorio, sino también la vida de mis coterráneos– (*para entender esto, se necesita leer entrelíneas).

Es difícil volver a mi realidad cuando ésta dejó de ser la que fue y es más difícil aún, cuando no quieres entender que nada volverá a ser lo que fue, por más que lo quieras y por más que te preguntes "¿qué ha pasado aquí?”, cuando por más que quieras ponerte en los zapatos del otro, no logres dar un paso que no sea en falso.

Debo reconocer que aún no me re-acostumbro a Chile y que aún me pregunto muchas cosas respecto de mi país y de lo que podría llegar a alcanzar si sólo pusiéramos un poco de apoyo en conjunto –y, ojo, no hablo de llorar por mineros atrapados o por familias devastadas por algún desastre natural–, hablo de ser conscientes de los cambios que nos rodean y no quedarnos estancados; de avanzar sin olvidar lo que un día fuimos, de no olvidar quiénes somos y para qué estamos aquí, de no olvidar a quienes han estado a nuestro lado por un tiempo considerable para poder estrechar la mano; hablo, en definitiva, de no olvidarnos de nosotros mismos.

Nunca tuve grandes expectativas de lo que sería mi regreso –nunca me hago expectativas, de hecho–, pero, sin duda, pensé que lo que llaman “choque cultural” (*léase entrelíneas), no sería tan duro. Las horas de diferencia no se hacen tan pesadas como la indiferencia (**léase tal cual); las horas de viaje no se hacen tan pesadas como el peso mismo de no entender lo que pasa (**ídem); la contaminación y la gente no son tan nocivos como el daño que causa el pernicioso efecto del cambio inesperado que irrumpe abruptamente en una realidad que se creía inalterable e inexpugnable, no obstante de las horas, días, semanas y meses de ausencia.

lunes, 7 de junio de 2010


¿Por qué olvidar?

Cuando algo irrumpe en tu vida y comienzas a cuestionar si es que acaso el olvido es parte válida para seguir adelante, comienzas a experimentar cambios que sólo notas cuando el objeto de olvido se hace presente. Olores, recuerdos, momentos, lugares y hasta horas del día, suelen ser las armas fatales cuando intentamos evadir acordarnos que tenemos que olvidar eso que alguna vez compartió nuestra vida. Por supuesto que olvidar está permitido cuando el daño es profundo, aunque aún así, el olvido es prácticamente imposible. ¿Cómo se puede olvidar lo que te causó dolor? Evidentemente es algo clínica y psicológicamente recomendado, sin embargo, la mente, los sentimientos y los recuerdos, son algo que sólo tú puedes controlar. Está bien, existen pastillas y fármacos que pueden ayudar, pero recuerda que sólo hacen eso, “te ayudan”, no hacen tu tarea.

Uno mismo es el encargado de decidir qué, a quién, cuándo y por qué olvidar. Nadie puede darnos una orden que nos insensibilice y nos abstraiga de cualquier tipo de sentimiento aferrado a un eventual olvido, pues cada uno de nosotros tiene un umbral personal del dolor, ese lado que sólo tú conoces y sabes cómo y ante qué factores reacciona. Sólo tienes que descubrirlo.

Es cierto, asimismo, que olvidar puede llegar a ser el camino más corto, pero vamos, ¡que no es fácil olvidar! Intentamos por todos los medios posibles no tener relación con lo que queremos dejar atrás, sin embargo, al hacerlo, ya lo estamos recordando, obviamente desde una perspectiva distinta, pero, de cualquier modo, es una clase de reminiscencia que nos envuelve en el dilema de “¿olvidar o quedarnos con los gratos momentos?”. No obstante, tampoco podemos ser tan irreales e idealizar a alguien, atribuyéndole sólo lo bien que nos hizo mientras estuvo junto a uno mismo, pues, no te olvides que por algo pensaste en el olvido. Y aquí vamos con otra disyuntiva: “¿cómo se puede olvidar sin odiar?”. Usualmente solemos usar el recurso más fácil para hacernos creer que todo irá bien, porque sencillamente “no me merecía algo tan malo, tan desagradable y repudiable”… Eso para mí, es sólo despecho y una sobreactuada dramatización de un mártir novelesco. Empero, existen ocasiones, momentos y personas que definitivamente se ganan la cursi estigmatización de ser “los malos de la película”.

No sé si odiar esté dentro de mis planes, tal vez a futuro o por cosas relevantes llegue a ser una alternativa válida. Lo que sí tengo muy claro, es que de vez en cuando es necesario presionar “ctrl + alt + supr” y darle un reinicio a nuestras vidas, por muy duro, complejo y hasta imposible que parezca. Recuerda que la vida es un ciclo, pero no necesariamente uno convencional, pues tú decides el ciclo de vida que quieres vivir. De cierta manera, tú decides cómo, dónde y con quién vivir. Siéntete dueño de ti mismo y sé seguro de tus decisiones. Camina con la frente en alto y siempre estando consciente de que todo lo que haces es por y para ti, y que, por supuesto, no vives solo en el mundo y que tienes que respetarlo así como te respetas a ti mismo.

Quiérete, respétate y sé feliz.

sábado, 8 de mayo de 2010

Pero, but, aber...


“Pero”… ¡Qué palabra más útil!. Sería la mejor, pero no lo es…

¿Se han dado cuenta cuán salvadora es esa simple palabra? Muchas veces solemos arrancar de situaciones de las cuales ya no nos queremos hacer responsables con el sólo hecho de utilizar esa palabra. “Estoy bien, pero no del todo”, “sí, quiero, pero no estoy seguro”. El “pero” es casi tan usado como el “no sé” y provoca la misma ingrata sensación de incertidumbre e incluso a veces, de frustración. “No fue lo que esperaba, pero fue para mejor” ¿Cómo saberlo si no sucedió?... Pero pudo haber sucedido… Ven, a eso me refiero.

Una y otra vez pienso en lo que pudo ser, en función de lo que no fue o, tal vez en función de lo que pudo haber sido. En ocasiones, simplemente las personas no queremos aprender porque simplemente no tenemos la intención de hacerlo. Así como también hay veces en que decidimos poner punto final a una situación. El problema está cuando ese punto final se transforma en unos tormentosos puntos suspensivos que sólo dan lugar a confusiones mal fundadas o a severos problemas de interpretación y/o comprensión de lo que nuestro receptor nos quiso comunicar.

El “pero” estará siempre a la vuelta de la esquina, quizá como fuente de inspiración de aquellas personas indecisas que sólo buscan perturbar el adecuado comportamiento de alguien más, haciéndolo susceptible a cambios originados por una inicial interrogante o, lo que es aún peor, por una inicial certeza.

miércoles, 21 de abril de 2010

... Es sólo una historia.


Estaba ahí, sin entender qué hacer ni adónde ir. Estaba en medio de la nada, pero un poco más allá del todo. No sabía lo que estaba bien ni lo que estaba mal, él sólo quería ser feliz. Sólo sabía que eso debía parar, ¿cómo?, es algo que aún no podía responderse. A veces creía que nunca saldría de donde estaba o al menos eso pensó hasta que esa persona apareció. Luego, con el pasar del tiempo y las cosas que fueron haciendo, y a su vez, comprometiendo, se dio cuenta que las palabras se las llevaba el viento y que los sentimientos sólo sirvieron para recordar. El problema estuvo cuando se dio cuenta de que aquellos recuerdos ya no eran tan buenos como el sentimiento que algún día estuvo presente... Si es que alguna vez lo hubo.

Las personas solemos hacer cosas y luego entender las situaciones. Lo mismo ocurre cuando crees conocer y/o entender a alguien. ¿Puede alguien realmente cambiar de la noche a la mañana? ¿Puede alguien hacerlo, si es que alguna vez lo que se hizo y dijo fue verdad?. Es cierto que existen determinadas situaciones que juegan un rol fundamental cuando queremos entender algún contexto predeterminado. Es cierto, también, que al final el contexto es el que domina la situación y eso hace que cometamos errores o al menos actos fallidos de los cuales luego nos enteramos y nos terminamos de convencer de que todo fue un desastre sin pies ni cabeza y que jamás debió haber ocurrido.

Existen situaciones que vulneran el pensamiento y el devenir natural de las personas. Existen personas que vulneran cualquier pensamiento y devenir natural de las situaciones. Y, finalmente, existen actos que dejan en jaque hasta al más cuerdo.

Contradicciones... La vida está llena de esas cosas. "Te odio hasta la muerte, pero hablo bien de ti", "Te odio, pero espero profundamente que el resto no lo sepa, excepto tú"... Si hay algo que detesto es el doble discurso y a esa gente que tan bien se encarga de hacer que el mundo gire a su alrededor y que genere un complot personalizado contra un miserable ser humano que lo único que quiere es ser feliz

domingo, 7 de febrero de 2010

Cambios interpersonales


Las personas somos un conjunto de vidas que se entremezclan para generar historia y dejar un legado, una huella en el camino que decidimos emprender. Generalmente, los cruces generados por el devenir natural de la vida y la muerte, provocan una serie de sucesos y acontecimientos que contravienen el normal flujo de vida que tanto nos caracteriza y que nos va forjando nuestras propias personalidades, perspectivas y puntos de vistas. Por cierto, es evidente que la discordancia es el plato principal al momento de levantar la cabeza y darse cuenta que tu camino se vio interferido por el de otra persona más. Las personas no siempre estamos dispuestas a aceptar distintas opiniones, aun cuando cada una de ellas sean la explicación lógica racional de vivencias pasadas generadoras de hábitos y costumbres, pues cuando se trata de intervenir en nuestro curso natural de vida, no hay explicación racional que justifique la aparición de alguien más que altere nuestra tranquila senda, incluso si dicha aparición implicase un cambio positivo para nuestra historia.

Creo que somos vulnerables cuando nos encontramos con la sobreexposición de frente, cuando palpamos la inseguridad de lo nuevo y desconocido, cuando sabemos de la existencia de una delgada línea que delimita nuestros horizontes y más aún cuando tenemos la intención de querer cruzarla. El riesgo es natural para conseguir una mayor rentabilidad. Sin riesgo, no obtenemos ganancias, aunque es preciso señalar y reconocer que con el solo hecho de asumir el riesgo, debemos, asimismo, asumir el perderlo todo y quedar con el gusto a hiel en la garganta y la inconforme sensación de no saber por qué decidimos lo que decidimos.

No obstante todo lo señalado con anterioridad, en ocasiones nuestra vulnerabilidad se ve extrañamente subyugada por la incertidumbre e incluso por el no saber qué hacer o por el incomprensible hecho asociado a no saber qué está pasando a tu alrededor. Son ésas las circunstancias que te dejan balbuceando pensamientos incógnitos de una realidad ya conocida por ti mismo, desconociendo que la vida continúa, incluso para ti.

La vida cambia, y se supone que todo cambio es para mejor o al menos ésa fue la hipótesis que algún día dijo, algún cursi optimista. Sin embargo y a pesar de los paradigmas naturales respecto al torrente de la vida y sus vicisitudes y al cómo nos tomamos estas últimas, la vida nos ha demostrado que la hipótesis planteada por alguien muy feliz no dista de ser un hecho válido para todo ámbito de cosas, desde la economía y sus variaciones cíclicas, desastres naturales que cambian el medioambiente, hasta la construcción de la vida misma de un mortal más. Todos esos sucesos están expuestos a la variación de un estado inicial, el cual se vio potencialmente alterado, mas no por eso perjudicado de por vida. Es por ello que también se dice que de los errores se aprende y que errar es humano… Maldito optimista.