sábado, 28 de junio de 2008

Did You forget how to forget?


Olvido... ¡qué palabra más útil!. "Disculpa, se me olvidó", "No te preocupes, ya lo olvidé", "Olvídalo, es mejor así", "Espérame, se me olvidó cerrar la ventana". ¿Qué sería de nuestras vidas sin el olvido?, ¿Qué haremos cuando se nos olvide olvidar?.

Existen situaciones en las que el olvido es uno de tantos mensajes subliminares "salida de emergencia", que nos da la vida. ¿Cuántas veces hemos recurrido a un burdo y súbito alzheimer para excusarnos de situaciones desagradables?, ¿Qué hay del dolor que no se puede olvidar si no con el olvido mismo?, ¿Cómo sanar las heridas que el mismo olvido se ha encargado de construir?. Existen personas que sanan las heridas del olvido, olvidándose que éstas se produjeron a causa de un olvido pasado. ¿Qué hay de la caricia que se produjo sólo en la carencia de ésta?, ¿Qué hay de la carencia irreversible de la muerte?, ¿Qué hay de la muerte que se lleva la solución a tu carencia?, ¿Qué hay del viaje que lleva consigo el olvido del olvido?. Muchas veces, sentimos que el olvido pasa sobre nosotros, cuan brisa vacilante fuese; otras tantas, en cambio, sentimos que el olvido no sólo pasa sobre nosotros, sino que además, se queda en nuestra memoria, en nuestros recuerdos... en nosotros mismos. ¿Cómo olvidar que el olvido vive contigo, si actúa cuan sombra intentase imitar?.

Quizá, y sólo quizás, pretender olvidar lo inolvidable es más fácil de lo que pensamos. Sin embargo, ese "quizás" deja la puerta entreabierta para que la dificultad se asente en el olvido perenne e inmutable... ése que tanto dolor nos provoca, incluso cuando lo queremos olvidar.





®.

domingo, 22 de junio de 2008

Lie with me... secretly


Mentir... ésa debería ser la profesión más antigua del mundo. Desde Adán y Eva con la supuesta manzana (sucia quimera para evitar fornicar), hasta el Je ne sais pas de los políticos modernos, nos hemos vistos inmersos en polos extrapoladamente nocivos. ¿Hasta qué punto estamos dispuestos a mentir? ¿Cuánto vale nuestra dignidad?... De acuerdo al Derecho, nuestra dignidad es, entre otras cosas, un bien inalienable e inembargable; sin embargo, existen seres humanos tan carentes de racional pulcritud que merman cualquier definición... son aquellos que sólo caben en las Fe de Erratas de aquellos textos que suelen hablar del comportamiento del ser humano como individuo.

Asco, estupor y muchos otros epítetos me vienen a la cabeza cuando conozco de algún hecho que vulnere el correcto proceder de las cosas, lo cual aumenta geométricamente cuando terceros manipulan información y, peor aún, cuando manipulan a las personas para poder zafar de situaciones de escasa honradez. Lo anterior se intensifica cuando esas mismas personas carentes de raciocinio común, se jactan de ser probas, dignas de imitar, un camino a seguir o, peor aún, apelar a la lástima colectiva mediante la putrefacta falsa modestia.

®.

martes, 3 de junio de 2008

Почему такой счастливый?


¿Por qué tan feliz?...


No sé si la felicidad sea perenne, pero en ocasiones siento que cuando llega, lo hace para quedarse. De hecho, cuando me pasan cosas tristes, suelo atribuirlo a un estado diferente de felicidad, quizá el "lado b" de ésta, aquella arista que te deja una moraleja o una experiencia de vida que me sirve como un comodín para futuras situaciones similares. Yo veo a la felicidad como una cuestión netamente sicológica, luego, dependerá de nosotros mismos activar la glándula que proporcione la cantidad de endorfina necesaria para activar nuestro sistema interno de dicha y júbilo. Dicho sea lo anterior, creo y afirmo, que si nos sintiéramos bien por dentro, inexorablemente nos sentiremos bien por fuera, pues no existe ninguna pastilla mágica que nos reviva para el resto de nuestra vida. Ni el éxtasis, ni cualquier polivitamínico celestial será capaz de curar las heridas por falta de felicidad... a lo más te sacan de tu realidad, lo que, bajo mi planteamiento de felicidad sicológica, no es recomendado ni siquiera en los casos más trágicos, pues sostengo que los seres humanos estamos dotados de una capacidad impresionante de controlar situaciones; entonces, si consumiéramos cualquier "píldora de la felicidad", nos estaríamos engañando a nosotros mismos; lo peor es que, engañándonos sólo conseguiremos futuros engaños y futuras vidas artificiales, creadas por la desesperación de querer sentirnos felices.