viernes, 21 de marzo de 2008

My newest old side


La vida es un constante cuestionamiento: ¿qué comeré hoy?, ¿haré lo que tengo que hacer o lo dejo para mañana?, ¿té o café?. Y así, un sinfín de dudas cotidianamente asumidas. Lo cierto es que existen interrogantes que nos llegan a poner en aprietos al momento de responder un argumento sólido. Preguntas que, por cierto, estamos 100% seguros de sus respuestas, pero que no sabemos más allá de lo que tenemos que saber.

Quizá no sea la fecha idónea para darme cuenta, al fin, que mi religión es una y no otra. Aun cuando siempre he sabido que no creo en nada religioso, no sabía que mi percepción espiritual tenía un nombre, pues hasta hoy yo me definía como un agnóstico más; sin embargo, indagando por algunos resquicios cibernéticos, me enteré de que no soy agnóstico acecas, sino, más bien, agnóstico apático (también conocidos por la doctrina del Apateísmo, los cuales no le atribuyen ningún grado de importancia a la existencia o no de deidades, pues las encuentran irrelevantes para la vida). El punto es que ya no me cuestionaré más mi religiosidad (o anti-religiosidad), pues ahora sé que mi pensamiento y mi forma de vida son mucho más que una simple interrogante y mucho más que una vapuleada y malograda herejía mal fundada.





®.

1 comentario:

LC dijo...

Mish... bueno saberlo...
Me digo agnóstica, no sé si con apellido... pero a veces es entretenido cuestionarse todo este asunto.