Gestos, actitudes, expresiones, actos, omisiones...
En ocasiones sentimos que todo marcha a la perfección o, al menos, como quisiéramos que marchase. Sin embargo, depronto caemos en la terrible certeza de que todo aquello que nos rodea no es más que una quimera; una burda y absurda contradicción mundana de nuestro particular proceder. Quizás tenga que ver con tema de expectativas o, incluso, de perspectivas. Lo de la izquierda, en algún momento pertenecerá al grupo de la derecha, y no hablo precisamente de orientaciones políticas, sino, más bien, a la tediosa pero cierta, Teoría de la Relatividad. A veces nos sentimos tan seguros de nuestras inseguridades, que las damos por validadas apenas se hacen presente, sin tener siquiera un previo "control de calidad"; llegamos y las marcamos como acertadas. Aunque, también abordando teorías físicas, todo caerá por su propio peso verticalmente al centro de la tierra; aunque, por supuesto, es sólo una imagen retórica de los que pudieren llegar a ser nuestros errores.
Otro punto de nuestra subjetividad realista, es el hecho de dar por sentadas las bases de nuestra eventual dilapidación, pues a menudo solemos acribillarnos por nuestros errores reincidentes, los cuales, en algún momento de nuestras vidas prometimos por estas mismas, no volver a cometerlos. Sin embargo y, matemáticamente hablando, el orden de los factores no altera el producto, por cuanto se refiere a que ante el más mínimo indicio de "reincidencia-suicida", sin importar cómo ni en qué cantidad suceden los acontecimientos, terminamos cayendo en el círculo vicioso de volver a ser lo que algún día negamos ser.
A pesar de todo lo anterior, todos, sin excepción, merecemos volver a intentarlo, quizá no de la misma manera ni con las mismas personas, pero sí debemos darnos el terrorífico placer de tentar al destino y, por qué no, al miedo de no querer volver a intentarlo.
®.
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