martes, 1 de diciembre de 2009

Cambios cambiantes


Es extraño, siempre que pensamos que tenemos todo claro, todo bien, siempre estará ese algo que cambiará las cosas, haciéndolas girar en 180º. Lo mejor es tener como resultado, un equivalente tanto mejor respecto del inicial esperado. Son esos giros inesperados los que le dan sabor a la vida, los que le dan una razón de ser, los que le dan un verdadero significado, ya sea porque, en muchas oportunidades, marca un nuevo inicio de un algo experimental nunca antes vivido, o porque sencillamente, es lo que habíamos estado esperando.

Muchas veces (por no decir siempre), los cambios son la respuesta natural a iniciales decepciones, pero la manera en que los enfrentemos demarcará nuestra vida a partir de ese nuevo hito. Cuando cambiamos para bien, por ejemplo, nos sentimos bien con nosotros mismos a través del tiempo que dure el cambio ése (que luego, por una cuestión casi filosófica, deja de ser "cambio" y pasa a ser parte del status quo natural originado por un cambio). No obstante, el verdadero problema radica en el hecho de "los cambios para mal", ese putrefacto sentimiento de culpa en cada uno de nuestros actos, actos que, por cierto, nuestro entorno se encarga fervientemente de resfregárnoslos en la cara. Personalmente, los cambios vividos en el último tiempo, no puedo sino reflejarlos en la primera categoría. Digamos que no he cambiado demasiado, sólo que me he dado tiempo para mí y he dejado de pensar en el resto, sin desconocer su existencia, por supuesto. Suena frío, pero fue un cambio necesario para comenzar a hacer las cosas que quiero y comenzar, entre otras cosas, a pensar distinto y a valorar lo que tengo, sin desconocer lo que podría llegar a tener.

Existen diversos tipo de cambios: emocionales, sociales, físicos, entre otros. Los más radicales, a mí modo de ver, son los primeros, pues a partir de ellos, se produce una concatenación lógica secuencial entre el resto de los cambios. Lo importante, ante todo, es asumir que hemos cambiado para poder enfrentar con estoicismo el nuevo camino que hemos decido hacer y estar dispuestos, ante todo, por cierto, a las ventajas y desventajas que pudieren significar dichas variaciones en nuestro diario vivir.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Inestable estabilidad

La inestabilidad emocional es tan estable y tan asequible que puede llegar a quebrantar el normal funcionamiento de cualquier hecho que, por normal que nos parezca, nos afecta a diario y estará siempre ahí, esperando ser alterado en cualquier momento.

A través del tiempo, las personas nos volvemos más susceptibles y, por lo tanto, vulnerables al más mínimo roce, aun cuando esa misma fricción sea una reiterada acción que no se calma ni con el más mínimo esfuerzo de querer detener el tiempo. El dolor, por ejemplo, es biológicamente una respuesta de los terminales nerviosos que se encuentran esparcidos en nuestro cuerpo. No obstante y aun sabiendo la teoría, sabemos que los seres humanos somos entes sujetos al dolor, así como existen algunos que incluso llegan al punto de la “auto-incursión” en la búsqueda del temido y evitado dolor.

Por lo general, las personas evitamos sentir dolor, ante una situación dolorosa, de hecho, preferimos no sentir y dejar un momento bloqueados todos esos terminales nerviosos causantes del angustioso dolor. Claro está que no podemos confundir la angustia momentánea que alguna situación nos produce, con el dolor que dicha instancia nos provoca… Son dos cosas totalmente distintas, ya sea por la definición semántica o por su explicación sensitivo-sensorial. Cuando experimentamos situaciones dolorosas podemos llegar al extremo de angustiarnos, pero en otras muchas ocasiones (si es que no en la mayoría), conseguimos un bloqueo sicológico tan grande que ninguna definición semántica existente nos lograría aclarar esa tan ínfima diferencia. El poder está en la cabeza… Alguna vez alguien me dijo… ¿Qué hacemos con las cabezas dañadas, entonces? Para poder curar, primero hay que saber hacerlo, pues todos sabemos las dolencias que experimentamos, mas no conocemos la respuesta exacta a esa aflicción en la que tanto tiempo útil desperdiciamos… Aun cuando el masoquismo sea nuestro lema.

Aunque sea muy fácil decirlo, todo buen dolor tiene un final, aun cuando inicialmente sólo nos provoque mayor dolor, tal vez eso sea lo que necesitamos… Y lo que siempre hemos necesitado.

sábado, 12 de septiembre de 2009

11/9

Otro once de Septiembre parecido al del año pasado… Idéntico al que he vivido mis últimos veintidós años.

Las personas nos quejamos cuando las cosas no salen como esperamos, pero ¿Cómo entender a quienes se quejan incluso cuando las cosas salen como ellos esperaban? ¿Es justo para todos que por culpa de unos pocos tengamos que vivir a expensas de minorías incivilizadas? No soy partidario de la represión, pero lamentablemente en mi país las cosas sólo andan bien cuando algo está establecido para regularlas y sancionarlas. Nos quejamos de la poca tolerancia existente, pero somos incapaces de reconocer que las cosas ya pasaron y que nadie quiere volver atrás; Sin embargo, esas mismas personas que claman por justicia, hacen del día a día, uno insostenible. Es cierto que las manifestaciones sociales ayudan a entender la situación actual de un pueblo, pero hay un abismo entre eso y hacer vandalismo por sucesos desafortunados que pasaron hace más de un tercio de siglo. Estoy harto de vivir un once de Septiembre en Chile, estoy harto de la indolencia de quienes se creen con el derecho de irrumpir en mi diario vivir por sus estúpidas ideologías de querer cambiar el mundo tirando piedras. ¿Qué obtienen con las protestas? ¿Es que acaso este once de Septiembre fue distinto al anterior? Si seguimos así, odiándonos por nuestras tendencias políticas, señalándonos los unos a los otros, marcándonos con un color o dirección, estoy seguro que todos los días del año tendremos miedo por un nuevo 11/9. Todos congelamos nuestro día gracias a imbéciles sin criterio, gente vacía que desconoce lo que es vivir en colectividad… ¿Aún así piden comprensión? ¿Aun cuando son incapaces de comprender a su prójimo? Estoy hastiado de toda esta basura social que se limpia la boca con la igualdad y libertad de expresión ¿Qué obtienen con tener la libertad en sus manos si lo único que buscan es hacer daño? Nunca he entendido esa afición que tienen ciertos grupos por estropear cada centímetro de libertad, desperdiciando cada instancia de integración. Todos pedimos avanzar, al menos eso es lo que todos queremos, pero ¿Qué hacer cuando un colectivo francamente insignificante detiene el paso del progreso? Entiendo que el inconformismo es parte de la mentalidad de las personas, pero me parece aberrante aceptar que la inconsecuencia humana se apodere de la filosofía de vida de un colectivo mayor, porque, querámoslo o no, todos estamos sujetos al proceder de cromañones sin juicio, sobre todo en fechas como éstas, en las que, se supone, deberían ser de reflexión, no de agresión ¿O es que quieren retroceder al régimen dictatorial del que tanto se llenan la boca?

Miro por mi ventana y a ratos veo destellos de luces y escucho uno que otro estallido de bomba… Y no es precisamente Año Nuevo ¿Es ése el país que quiero? ¿Es ése el país que quieres? Escucho cómo la gente corre de los policías… ¿Deberían correr si no hicieran nada? ¿Deberían correr si asumieran que lo que pasó, pasó y que sólo está en nosotros caminar conjuntamente hacia un futuro más esperanzador?

Las personas huimos de la temida estigmatización; No obstante, la discriminación es muchas veces necesaria. ¿Todos somos iguales?... Francamente, no lo creo. Yo no soy igual a quienes no ven más allá de su nariz, yo creo que juntos podemos ser más que unos pocos. No quiero que las generaciones futuras crezcan en un ambiente hostil, separadas por bandos rivales que se ríen de todos mientras protestan en las calles. De una buena vez debería pasar algo realmente importante, un cambio en verdad revelador.

No quiero que vivamos a expensas de gente sin juicios valóricos, sin sentido común y con falta de criterio moral.

Sigo escuchando cómo rompen las cosas, suena como vidrio o fierro, tal vez haya sido un paradero o un letrero… De cualquier modo, era algo que a todos nos servía. También escucho a un niño llorando, seguramente está asustado porque no hay luz en su casa y escucha sonidos que no debería conocer a su edad ¿Es justo que los niños crezcan con este temor? ¿Es justo que los niños paguen por lo que pasó? De una buena vez deberíamos entender que somos UN país y que debemos aprender a vivir en sociedad, debemos preocuparnos y ocuparnos de nuestros derechos y nuestras obligaciones cívicas; La vida en sociedad no es fácil, lo sé.

Escucho a la distancia, unos cánticos a cargo de un grupo de personas que de seguro no superan los veinte años… Increíble el espíritu de patriotismo, no creen. Es difícil entender a quienes quieren ser entendidos, sobre todo cuando esos seres humanos no saben lo que realmente quieren.

Es increíble, pero aun teniendo mi ventana cerrada puedo sentir un leve dejo de aroma lacrimógeno. Es profundamente paradójico, pero en situaciones como ésta me siento como en aquel período de la historia por el que tanto reclaman: no puedo salir a la calle; el miedo se apodera de los inocentes; no puedo decir lo que pienso… En definitiva, es una pequeña dictadura a cargo de unos pocos… Y créanme, no son precisamente de derecha.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Missing time?


En ocasiones, pensamos que el tiempo es el pasajero menos pasajero que pudo haberse puesto en nuestro camino; siempre nos da sorpresas, aun cuando esté lejos de ser ésa su final funcionalidad. Las personas solemos pretender alejarnos del paradero que espera por el tiempo, solemos quedarnos fuera de ese techo albergador, tal vez por miedo o por personal conformismo. El punto es que muchas veces en nuestra existencia pretendemos huir o al menos evitar que el bus del tiempo sea el que nos deje entre las avenidas Inestabilidad y Desdicha; sin embargo, en ciertas ocasiones el letrero del bus está empañado, tal vez, con una nube grisácea. No obstante lo anterior, muchas veces los conductores se olvidan en cambiar el recorrido y nos subimos por equivocación. Aún en esos casos tan adversos, la inestabilidad es patéticamente necesaria, de lo contrario ¿Cómo encontraríamos nuestra estabilidad?

Las cosas pasan por algo, lo sé, y por más conformista que sea, lo acepto y, créanme, no es tan terrible asumir el devenir del tiempo. El tiempo construye la historia y ésta, a su vez, empiedra nuestro camino comúnmente conocido como vida; es por eso que se hace tautológico recalcar que el tiempo hace la vida. Por dicha argumentativa explicación existencial es que hace falta de cuando en cuando tomarnos el tiempo de esperar a este último, aun cuando no estemos realmente seguros de que las cosas saldrán como las idealizamos. De hecho, el único camino para poder concretar un acto es dándole tiempo, ya sea para poder concretarlo o para poder llegar a entenderlo.

Actos desesperados en tiempos de crisis suelen ser los responsables de tener que cambiarnos de bus y aventurarnos por otro que tenga cinturones de seguridad, un letrero desempañado y un chofer que conozca el recorrido.

domingo, 2 de agosto de 2009

Creencias cotidianas

A lo largo del tiempo, sin importar cuánto, todos y cada uno de nosotros tenemos un qué por el cual y, así como alguien alguna vez me dijo, PARA el cual nosotros vamos cumpliendo una serie de etapas, las cuales, una vez habiendo finalizado, nos entregan una gratificación espiritual y emocional que es impagable e inalienable.

Es por esto que todos sin excepción aparente tenemos un algo en que creer para evitar dejar de cumplir las etapas que cada quien alguna vez en su existencia, se planteó. Todas las personas somos diferentes, no hay novedad aparente ante tal tautológica aseveración. Todos creemos en lo que queremos, ya sea por conveniencia, por tradición o por una descontrolada dependencia; todas, razones absolutamente válidas y respetadas… al menos por mí. Yo, por ejemplo (y sin ánimo de ser autorreferente), decidí desde hace un tiempo atrás comenzar a creer en mí a pesar de lo que mi destino diga y/o haga para que deje a un lado mi paradigma y me una al grueso de la población; sin embargo, parte de mi “teoría” se basa, justamente, en permanecer inalterable a través del tiempo, sin importar cuánto ni cómo pase.

¿Será que los seres humanos necesitamos creer en algo más que nosotros mismos para que nos podamos sentir humanamente realizados?... “Mañana iré al dentista, si Dios quiere”, por ejemplo y sin ánimo de ponerme en ninguna postura religiosa ni semántica, delegamos nuestro proceder a dos objetos: el primero, es el “si”, una condición que como tal, no podrá llevarse a cabo por sí misma, no al menos si se quiere concretar lo que profundamente anhelamos; el segundo, es “Dios", figura que, siendo honesto, nadie ha visto en su vida, pero que la mayoría lo han hecho parte de sus vidas como un sentimiento sin mayor cuestionamiento. Lo que en definitiva quiero abordar es que la mayoría de las veces dejamos a los demás o a “lo demás” el rumbo de nuestro destino, siendo ésta la principal contradicción en la naturaleza misma del concepto, pues aun cuando el resto nos haga partícipes de ese resto, nosotros somos entes individuales que sólo debemos pensar por nosotros mismos, mas no sólo en nosotros mismos.

¿Por qué los tiempos modernos (sí, modernos), nos siguen diferenciando entre “endemoniados” e “hijos de Dios”, siendo los primeros los causantes de todas y cada una de las desgracias terrenales, mientras que los segundos son los salvadores y los pobres mártires que deberán sufrir para vivir dignamente después de la muerte? Las personas mitificamos y hacemos nuestros los mitos urbanos que se hacen latentes en cada una de las distintas realidades. La religión, por ejemplo (no es nada personal), es un tema socialmente aceptado y moralmente incapaz de albergar duda alguna; siempre será sinónimo de discordia y dar una mirada silenciadora en cualquier almuerzo familiar que contravenga la social y moral aceptación generalizada. Aún en “tiempos modernos” la gente se espanta y se eriza de piel completa cuando alguien habla de religión; siempre, no importa quién ni cómo, alguien tendrá una palabra silenciada que decir al respecto y será auto-coartado por el bien conocido ¿qué dirán?

sábado, 1 de agosto de 2009

Los reencuentros quedarán en nuestra memoria cada vez que queramos pensar en momentos cruciales para nuestras vidas. Todos, sin excepción alguna, merecemos segundas oportunidades, aunque a veces pensemos que nada ni nadie podrá comprendernos y mucho menos ayudarnos a salir del tan evitado peligro inherente al ser olvidado.

En ocasiones dejamos pasar las cosas porque no nos sentimos capaces de sobrellevarlas; tan simples como un roce o un malogrado sistema de intercomunicaciones suelen ser los causantes más típicos de aquello que evoca un evidente reencuentro.

Volver a encontrarse con alguien, incluso con uno mismo, siempre será necesario, sobre todo si dicha reunión tiene como protagonistas a quienes realmente nos importan; es así que las relaciones sociales se van formando conforme avanza el tan traicionero tiempo. Personalmente, pienso que no es mejor amigo el que te dice que lo haces todo bien o que te felicita por cada cosa buena que te pase; para mí, un amigo (digno de un reencuentro, por ejemplo), es aquel que se preocupa y ocupa de mí por lo que soy, lo cual incluye mi medioambiente mediato e inmediato, esto es, mis circunstancias y mi esencia. No importa las veces que caigas, sino la cantidad de manos que están dispuestas a levantarte… un amigo es el que repite eso las veces que sea necesario… aun cuando para nadie más lo sea.

Ayer fui feliz… muy feliz; y en el fondo todo se traduce a una felicidad compartida y repartida entre quienes más quiero. Poder ayudar a un amigo siempre será un cumplido o, más que eso, la “obligación” que acepté al momento de “firmar” el “contrato de amistad”. Cabe destacar, por cierto, que no soy de tener tantos amigos, pero los que tengo valen más que los que alguna vez podría llegar a tener… incluso si volviera a nacer; incluso si eso existiera.

Y porque siempre un reencuentro esperado será más corto que el mismo tiempo y la misma distancia, y porque siempre querré ver mil veces en un segundo a quienes necesito… y a quienes me acostumbraron a necesitarlos… aun cuando el reencuentro se haga esperar por un poco más de lo que dicen los calendarios y relojes convencionales.

miércoles, 29 de julio de 2009

Hold me tight... then let me go.

How could I put back what I thought was made to be unbroken? Then I put my hands on my face and starts a deeply beating into my lungs; I just try to figure out what is going on outside, I used to need answers, right answers. However, passing time through my eyes and through my veins, I just looked away and then I got an answer, which waited for me for a long time… sounds weird, doesn’t?...

Long time ago, I used to trust in what I used to need, that is the reason why I need back to where I was and let be who I used to. Time by time, people use to say and to do a lot of wrong acts, which got nothing but troubles… and many “avoidable” mistakes. No matter what you do, if you didn’t care about what you did. So, if you really want to change you must be carefully worried about your environment, and I’m not just talking about the trees and stuff, I’m talking about hard work and our relationships status, because we’re not alone… even when we would really want it to.

I’ve been thinking about my relationships status and, to be honest, it really sucks. That last time I have spent my time trying to figure out what I cannot… or what I shouldn’t. What is going on with me? What did I do? Did I do something pretty bad in the past? I just need to learn walking by my own again, because breeze started before than I thought… even before that I wanted to.

Somebody told me “never say goodbye after having looked back”… what a genius! It’s freaking awesome, and truly as well. Why we just refuse to say goodbye? I can feel the fear, it has been my real partner all this time, I know I must keep walking and having my head held, but it’s difficult and tough… but absolutely necessary.

Sometimes I guess my eyes will turn empty and dry. No more tears, I said to myself, not anymore… no more spending time for wasted people… waste goes wasted.

How could I do to avoid what I feel? How could avoid what I cannot feel? Maybe I’m just overwhelmed and confused for all what I have passed by… or maybe I’m just being who I really am. I couldn’t help it; it’s all my fault.

I’d like to close my eyes and then open them up and be who I really want to, at last, who I was. I want to change the freaking sheet and go to the next one.

Unheard voices, unanswered questions, unheard beatings, closed senses; breathe no more, bleed no more. I always wanted to do the right things, having in mind my own wishes and respecting the others. However, suddenly and almost “magically” I started to my own second scene (and sometimes third). I won’t let me to the last turn and I won’t care about the people… not more than me. Time will pass by and I won’t let it pass by…. Not in vain.

sábado, 18 de julio de 2009


Me levanté como cualquier otro día, tal vez con un poco de molestia matutina, pues un sábado no suelo levantarme antes de las once de la mañana, y mucho menos si ese día forma parte de mis vacaciones… casi impensado. Cuando salí de mi casa, visualicé muy pocas personas en la calle, tan pocas, que parecía día de semana no de vacaciones. El frío típico de esta fecha se dejaba entrever con un casi difuso vaho que desaparecía conforme yo me agitaba al caminar; necesitaba llegar pronto.

Cuando al fin divisé a las primeras personas, pasé por el lado de aquellas dos mujeres y allí estaban, discutiendo, al parecer, por un asunto legal en el cual estaba inmerso un tercero -"Tienes que hablar con tu abogado”-, le decía la una a la otra, mientras esta última le contestó -"Mmm… es que no estoy del todo segura”-. Luego de ello, las mujeres y su judicial conversación, se desvanecieron. Seguí adelante, el tiempo apremiaba.

Más adelante, a unos escasos 100 metros, dos señoras y un niño caminaban en mi contra, tal vez con menos consciencia que el tiempo transcurría, pero, al igual que la pareja anterior, venían discutiendo: -"… no, si más encima, la otra le debía veinte lucas a la mamá y quedó la cagá'…’”-. Ambas mujeres estaban enfurecidas y el niño, con un ánimo de no hacer sentir mal a la señora de la que iba tomado de la mano, ni se inmutaba por los tirones repentinos que le daba, tal vez culpándolo implícitamente por la delación en su andar… quizá.

Cuando crucé la plaza en la que estaban las tres personas anteriores, crucé una calle, de la cual su nombre siempre es sinónimo de acudir a alguien más para poder orientarme. A cuadra y media del “inicio” de la nueva calle, una señora muy acongojada por su, tal vez, esposo (o algo por el estilo), le dijo eufóricamente: -"Ah, no po’ weón, tení’ que rallarle la cancha, porque o si no se te va a subir por el chorro y hasta ahí no más vai’ a llegar…”-, y el tipo, casi con vergüenza ajena, le dijo mirándola a los ojos y balbuceando un perfecto chileno: -"Eh… tení razón voh’, igual”-. Decidí caminar más rápido.

El olor a humedad del lodo y el camino adornado con casas que se asemejaban a fortalezas cubiertas por rejas interminables, hacían que mis ansias por llegar fueran casi de primera necesidad. Casi no había sonido por esa calle, uno que otro grito de una señora hacia un niño, advirtiéndole que dejara de correr por un pasaje aledaño, además de la infaltable música que abundaba en algunas casas, con sonidos estridentes de parlantes que sólo querían un respiro. Tal vez lo hacen para olvidarse de la realidad que está al otro lado de la reja; sin embargo, quien vea esa coraza de fierro, difícilmente quedará indiferente de la protegida y resguardada realidad.

No sabía qué pasaba, pero esa mañana nadie quería nada bueno para nadie de esa calle. Creo que yo zafé de eso sólo por mi tránsito inusualmente rápido y pasajeramente eventual. Todos pelearon o al menos estaban desagradados con lo que pasó el día anterior, el anterior a ése, la semana o quizá lo que paso el lunes o tal vez, hasta el mes pasado. Todos tenían algo de qué quejarse… ¿por qué?. Entiendo que los problemas son realmente incómodos y son capaces de desequilibrar cualquier normal funcionamiento, sea cual sea el caso. No obstante lo anterior y a pesar de ser muy difícil de llevarlo a la práctica, todos, sin excepción aparente, necesitamos la existencia de los mismos; que aburrido sería vivir una vida tan monótona que hasta los problemas se aburrirían de existir. Los problemas, para mí, no son más que facturas de errores pasados, los cuales podemos y debemos solucionarlos con la mente fría y, de preferencia, en la intimidad de nuestro hogar.

Experiencia no tengo mucha, pero siempre tendré la certeza y absoluta confianza en que en cada uno está la clave para surgir de los problemas que a diario nos aquejan, ya sean deudas, problemas familiares, líos personales o, lo que es aún peor, una mezcla de todo lo anterior. Siempre habrá más de una salida para un problema y sólo dependerá de dicha elección, el devenir de nuestra existencia, aun cuando existan “problemas” fuera de nuestro alcance, pero que, aun así, nos atingen… me refiero a las decisiones de los demás. En esos retorcidos casos, sólo podemos apelar al vilipendiado concepto de justicia… o a la nunca bien ponderada suerte.

martes, 14 de julio de 2009

Otra típica noche de Julio.


Tantas ideas nublan mi pensar, tantos recuerdos que quedan y otros se van; lo importante es nunca dejar de mirar atrás, tal vez no tan seguido como quisiera, pero voltearé cada vez que necesite recordar. Vivir el presente para poder contar con un futuro promisorio o quizá, al menos, uno que dé tranquilidad es el objetivo circunstancial.

Sigo escribiendo en el mismo lugar, pero en un tiempo distinto. El frío sigue entrando por la ventana, la misma que abrí para dejar ir el humo aquel; humo que me dejó tan clara permanencia y pertenencia, que difícilmente lo querré olvidar. Hoy no hay ningún perro aullando, sólo está su recuerdo y la luna que se deja entrever a través de un vidrio empañado que con mis manos quise desempañar. Puedo sentir el olor a humedad, esa humedad que produce volver atrás, a tiempos mejores que hacían parecer todo normal. Mi aliento se desvanece en un elocuente y efímero vaho; vaho que se quiere quedar por una eternidad. Necesito estar donde estoy, nunca renegaré mi verdad, mi momento actual.

Hoy por fin volví a ver ciertos colores que yacían opacamente olvidados entre el negro y el gris. Por fin siento el frío; frío que cálidamente se transforma en bienestar. Mi mano está helada, mas no cansada de escribir, no cansada de expresar.

Un hombre, sigilosa y cautamente cruza el estacionamiento, mira por doquier, esperando encontrarse con su destino, algo ilógico si se toma en cuenta que es la una de la madrugada, aunque nunca es tarde para encontrarse con uno mismo e incluso para reencontrarse... De pronto, el hombre se da cuenta de la circunstancia, sube su chaleco hasta cubrir su boca y parte de su nariz, frota sus manos y camina más rápido, no puede esperar a que el frío congele su cita. Lo felicito, es un mortal.

A lo lejos escucho el tránsito, bocinas y una alarma de un local, todo lo cual, a pesar de su sonido, es silenciado por el murmullo típico de una noche de Julio.

Cubro mi cabeza con un gorro, pues el frío ya comienza a entrar por cada poro de mi rostro, sin embargo, por ningún motivo quiero dejar de escribir...

La luna ya se ve más borrosa, pues ya no está en la silueta que desempañé... Brumosa y misteriosa avanza para encontrarse con otros rincones del mundo. Miro por la ventana y allí está el hombre otra vez, ahora eso sí, ya más conforme con su encuentro con su futuro pasado, caminando más lento que la primera vez, así como también, más consciente del frío que hace; se dirige a su punto de origen... Quizá cabizbajo, tal vez conforme, no lo sé.

Una serie de sonidos nocturnos llegan a mis oídos; sonidos que se ven perturbados por la voz de mi padre, preguntando -"¿Quién tiene la luz del comedor prendida?"-.

Miro al interior de la ventana entreabierta y encuentro un montón de fotografías felices; unas de un matrimonio y otras cuantas de unos cuantos cumpleaños y festejos en la playa... Soy tan feliz; tanto que a veces no entiendo para qué no serlo... nunca he dejado de serlo, por cierto, sólo que en ocasiones no entiendo ciertas señales enmarcadas en melancolías circunstanciales.

Momentos felices... Así se traduce mi vida, aun cuando a veces y sólo a veces, la luna se vea empañada y el vaho permanezca inmutable en mi interior. No puedo decir que mi vida es injusta, pues tengo todo lo que necesito, así sin más; y no es pecar de soberbio, sino más bien, es un íntegro y casi exhaustivo análisis de mi realidad; aun cuando no haya de qué lamentarse, siempre estaré evitando sobrevivir, pues siempre intentaré vivir de la mejor manera posible; aun cuando la niebla y el ensordecedor silencio nocturno, a veces interrumpido, no me dejen ver más allá de las palabras. Seré feliz porque ésa es mi esencia y no dejaré que un perturbador aullido o un intransigente humo empañen mi ventana.

Aún en noches como ésta, en que el humo se muestra con recelo, intentaré ver más allá de donde alumbran los focos y seré capaz de ignorar el frío, mas no dejar de sentirlo.

Mis manos ya se congelan. Creo que por hoy, sólo por hoy, es suficiente de este manifiesto auto-realizador.

La luna y el hombre ya desaparecieron... al menos de mi empañado cristal.

lunes, 13 de julio de 2009

Una típica noche de Julio


La noche silenciosa y yo aquí, siguiendo sin sentir nada... ¿Cuánto más tendré que esperar? ¿Cuánto más tendré que no sentir? ¿Cuánto más tengo que dejar pasar? ¿Cuánto más tendré que respirar? ¿Cuánto frío tendré que dejar de sentir?.

El perro aúlla y nadie más que yo lo escucha; nadie más que yo siente su dolor de no tener adónde ir; sólo yo sé cuánto ansía encontrar un albergue, un sitio seguro para dejar de sufrir.

Una lágrima, un sollozo, un pensamiento en blanco preguntándose dónde se fueron todos los colores que alguna vez me acompañaron. Un frío halo de dolor, una perdida mirada y una sensación de fría soledad.

Sin palabras me voy quedando conforme el maldito sonido del reloj me envuelve y me recuerda que aún no llega mi hora... ¿Cuánto más tendré que esperar?...

¿Por qué la espera se ha albergado en mi fatídica existencia? ¿Por qué el reloj avanza y yo sigo aquí, escuchando el aullido ya casi sin aliento del animal abandonado?. Poco a poco su sonido desaparece; aun así, sigo esperando escuchar su pesar, su dolor y desdicha.

El cielo está rojo, la niebla se confunde con los pensamientos que no se quieren ir... al menos algo de compañía hay.

Quietud, extremo silencio, todos pasan sin importar y sin preocuparse... tal vez escapan del frío o de la noche sin sonido. El sueño se va lejos, muy lejos de mí; y así como todo, espero mi fin; fin que por cierto no sabe cuándo llegar, sólo sabe que debe esperar; esperar, quizá, que el perro vuelva a aullar o, quizás, que tan sólo yo lo vuelva a oír... claro está que nunca lo dejaré de escuchar, aun cuando no esté y no haya animal alguno que extrañar, pues siempre quedará el amargo final que se hizo esperar.

Poco a poco los árboles se mecen esperando que un viento los corte de raíz; árboles que sólo apreciarán su importancia cuando ya no estén... ¿sólo nos damos cuenta de nuestra utilidad cuando no la podemos volver a tener?

Un paso atrás y todo queda en nada; nada que nada en el mar del todo olvidado; olvido que no olvido ni olvidaré.

Repentinamente, el cigarro que con tanto fervor ardía, se apaga, pierde su luz; poco a poco y con la clara intención de mantenerlo vivo, lo fumo suplicándole que no se deje apagar, no hasta que al menos yo lo decida. Su humo, ahora más fuerte, me dice que sigue aquí conmigo, pero sabe que el tiempo es sólo cuestión de paciencia; paciencia que, ya sea por el frío o por la vida misma, he dejado de tener. -Por favor no te vayas- le dije, cuando ya su filtro perforaba mis pulmones; pulmones exhaustos de funcionar.

Un frío suspiro sopla por la ventana del comedor, la que dejé abierta para que el humo se fuera lejos, muy lejos, para que yo, a la vez, me fuera con él... lamentablemente, no le pude acompañar... y solo emprendió su rumbo, hasta desvanecerse por completo, frío y olvidado.

El perro ya se durmió... o tal vez sólo lo olvidé.

viernes, 1 de mayo de 2009

der Nebel


La niebla... en días como el de hoy, en el que veo correr la humedad ambiental de sur a norte, suelo pensar en muchas cosas; tal vez, en aquellas cosas que sólo vienen a la cabeza cuando no quiero pensar en ellas. Tan súbito como un manto de efímero viento que deja huella dentro de mí, aun cuando lo que realmente sucede está fuera de mi fuero albergador de tantas sensaciones. Es inquietante ver la lapidaria quietud que abunda por las calles casi sin vida. Es como si todos se detuvieran a observar cómo ven pasar el tiempo en frente de sí mismos, así sin más... quizá sólo piensan en qué sería estar del otro lado e intentar estar en un lugar que no nos tocó vivir o, al menos, aún no hemos sido capaces de experimentar, quizá sólo porque no hemos querido o, tal vez, porque simplemente no hemos podido.

Introspección, ésa es la palabra. A veces es necesario darse un "break" y quedarse inmóvil, apreciando y aferrándonos a lo que tenemos y aspirando llegar algún día a lo que tanto anhelamos. En una de esas, es lo que nos hace falta; empero, también puede ser algo que nos juegue encontra, pues cuando nos proponemos dejar sin efecto algún acto, por alguna inexplicable razón terminamos acordándonos en lo que pudimos ser, ignorando lo que no llegamos (y tal vez nunca llegaremos) a ser. Es posible que sólo sea una cuestión de perspectiva y/o personal apreciación.

Es extraño cuando la primera niebla llega a nuestros ojos; es extraña esa sensación de humedad que estremece nuestros sentidos, sobre todo el olfato, llevándonos a una reminiscencia inexplicada y absurda; un racconto constante; un flash back sucesivo.

®.

domingo, 15 de marzo de 2009

Standing by


Cuando esperamos que algo ocurra, sin importar muy bien las consecuencias, al menos tenemos en cuento la consistencia del acontecimiento. Consistencia que, por cierto, debe procurar estar en correcta relación con nuestra situación actual y propender al anhelado balance natural entre lo real y lo esperado. Sin embargo, muchas veces nuestras ansias son mayores y peores. Es increíble esa asombrosa capacidad de echar todo por la borda por un eventual inicial suplicio parecido a los vejámenes más terribles de los más duros verdugos; no obstante, todo lo anterior sólo se traduce y explica a través de la tediosa palabra ansia; del latín "anxĭa", denota la angustia casi terminal de aquella aflicción casi sin solución. En fin, muchas veces, nuestros planes o sueños se ven truncados por las detestada ansias de saber en el tiempo lo que matemáticamente sería un t+1. Empero, lo anterior también puede ser sinónimo de acelerar ciertos procesos que consideramos lógicos y que cuya ineficiencia nos agobia aún más, razón por la cual, decidimos pensar en tiempo t+1 para resolver una dramática ecuación. Un punto aparte es cuando dicho adelanto sólo sirve para darnos cuenta que sólo debimos haber esperado y no esperar que la espera nos deje a un lado, sino más bien, hacer de la espera, nuestra más fiel compañera, nuestra amiga incondicional. Claro está que, por muy amigos que seamos, no esperaré por siempre, pues si bien, soy de aquellos que conservan amistades, nada ni nadie hará que mis expectativas se anulen o cambien por un simple capricho temporal. Tal vez sea lo más sensato sentarse y ponerse a ver cómo los radicales libres me van destruyendo o consumiendo poco a poco, viendo cómo dejo de sentir y comienzo a hacerme inmune a cualquier reacción, manteniendo un status quo de todo lo que alguna vez estuvo tan alejado del temido ceteris paribus.

®.

miércoles, 18 de febrero de 2009

La felicidad


Siempre, no importa cuándo, cómo ni dónde, la felicidad causará suspicacia y la generación de discordia e incredulidad. Es extraño, pues por lo general las personas demostramos asombro ante una situación feliz y sobre todo, si dicho acontecimiento dice relación con el estado de alguien más... ¿por qué?, ¿es que acaso las personas nos estamos volviendo cada día más infelices y nos sorprende la enhorabuena de algún otro?. Personalmente, creo mantener controladas las ansias de felicidad, pues de esta manera controlo el nivel de felicidad requerido para situaciones específicas que suelen requerir de dosis mayores de felicidad; puede llegar a ser algo confuso y traicionero si no se sabe usar, por cierto. No es cosa de decir "seré feliz" como un estado inmutable e inalienable a través del tiempo, ya que la felicidad per sé es algo que, si bien podemos controlar, no podemos controlar aquello que hace que el nivel de nuestro tanque de felicidad esté completo. Por lo anterior, más vale tener un buen dispositivo que decodifique y distribuya niveles de felicidad consistentes a nuestros respectivos períodos, sean éstos buenos o malos. No obstante lo anterior, existen factores exógenos impredecibles y capaces de vulnerar nuestro sistema de felicidad intrínseco en cada quien, aquellos factores que perturban el correcto funcionamiento de lo que alguna vez creímos tan concreto, empero, debemos ser capaces de superar todo obstáculo con una pequeña dosis de optimismo diario que nos revitalice y nos ayude a hacer frente a aquellas instancias en las que pensamos que nadie más nos entiendía y nadie más nos entendería jamás; instancias que, por cierto, no están exentas de la cotidianeidad misma de la rutina y la vida actual. Otro factor exógeno importante para nivelar la cuota de felicidad requerida es aquel entorno cercano, núcleo le llaman algunos, del cual dependerá la cantidad y calidad de endorfina generada por los niveles de satisfacción personal y la lucha diaria de la autorrealización. Es, justamente, a esas personas a las que, personalmente, les agradezco su capacidad de apoyo y energía que a diario me brindan y me hacen sentir una persona plena, aun cuando me falta un largo camino por construir.

®.

martes, 3 de febrero de 2009

De cuando en cuando


De cuando en cuando es necesario escribir, al menos para mí. Aun cuando no sé muy bien qué escribir, sé que siempre algo habrá, más aún, cuando sé que no debo contarlo. Eso es extraño, ¿por qué las personas solemos irrumpir lo prohibido, aun cuando esa prohibición haya sido creada por uno mismo? Tal vez con mayor razón quisiéramos indagar en aquello de lo desconocido; quizás, por otra parte, sólo queremos saber y denotar cuán fuerte es nuestra fuerza de voluntad y, en una de esas, el respeto por nosotros mismos y nuestras tan vilipendiadas decisiones. Las decisiones, por cierto, no son un tema menor, té o café; un hijo, dos o ninguno; blanco o negro; creer, no creer... en fin, una gama sin límites, la cual siempre estará basada en dos palabras: Sí o No. Ahora bien, el panorama se nos complica cuando pensamos que, en un mundo tan lleno de matices, es imposible encontrar sólo dos eventuales respuestas, pues, así como sabrán, también existe el tan útil y a veces malogrado No lo sé... maldita expresión; estoy seguro de que todo sería más fácil si no existiera esa razón argumentativa tan ridículamente utilizada. El No lo sé deja la puerta abierta y, cuando no, la ventana, chimenea, cañería alguna, el excusado; abiertos. Cuando lo realmente eficiente y eficaz es responder con una afirmación o una negación. No obstante lo anterior, siempre quedará el dilema de la efectividad dando vuelta cualquier tipo de elección racional o irracional, porque, de cuando en cuando, es necesario pensar.

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